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lunes, 1 de febrero de 2016

Creed y The Danish Girl

Conozcan a los futuros ganadores del Oscar a Mejor Actriz y Actor Secundarios de este año.


Creed
★★½

(Creed: corazón de campeón)
USA: 2015, 133 min.
Clasificación: B
Director:  Ryan Coogler
Guión:  Ryan Coogler, Aaron Covington.
Con: Michael B. Jordan, Sylvester Stallone, Tessa Thompson, Phylicia Rashad
Drama. Deportes.

Creed es el derivado de Rocky que más se acerca al original. Esta es una gran noticia para todos... excepto para los que detestamos Rocky. Personalmente creo que es de las películas más sobrevaloradas de todos los tiempos, pero creo que soy minoría. Ryan Coogler hace un remake spin-off que moderniza lo mejor y lo peor que tenía para ofrecer esta franquicia: un protagonista cuyas únicas dos cualidades son ‘buena gente’ y ‘boxeo’; una magnífica pelea final (y una aún más impresionante pelea central, filmada en una sola toma)... y lo demás son 100 minutos de relleno melodramático, intrascendente  y aburrido. Igual que en la original. Yay.

Michael B. Jordan se entrega en cuerpo y alma, pero no puede competir contra un guión que lo limita a estereotipos. Podrá ser una ‘buena persona’ pero esto no hace su historia interesante. De hecho, la real estrella del show sigue siendo Sylvester Stallone, en su séptima aparición como Rocky Balboa. Su interpretación le ganará un Oscar Honorífico. Es una actuación matizada y conmovedora, un real testimonio a su magnetismo y carisma… pero, realmente, el actor no debe hacer mucho. Basta con quedarse de pie y la nostalgia hace el resto del trabajo. Más o menos lo mismo ocurre con el resto de la película: si eres de los que estima la franquicia de Rocky, Creed es definitivamente para ti.




The Danish Girl
★★½

(La chica danesa)
USA: 2015, 119 min.
Clasificación: B
Director:  Tom Hooper
Guión:  Lucinda Cox
Con: Eddie Redmayne, Alicia Vikander, Matthias Schoenaerts, Amber Heard, Ben Whishaw, Sebastian Koch
Drama. Histórico.

The Danish Girl es un agradable aunque excesivamente convencional retrato de Lili Elbe, originalmente Einar Wegener, una pionera en la cirugía para cambiar de sexo. La historia es interesante, pero el reiterativo guión de Lucinda Cox carece de fuerza. La escritora se empeña en seguir la fórmula del biopic: intenta dar antecedentes al comportamiento de Einar, limita TODA su caracterización en torno a la transexualidad, e intenta enfocarse en todo al mismo tiempo. Además, ni ella ni el director Tom Hooper profundizan en los asuntos verdaderamente complicados (¿qué ocurre con su matrimonio cuando ambas son mujeres? ¿realmente cómo fue la vida de Lili en el periodo de transición?) y se limitan a tratar los temas superficialmente, hasta el punto en que se vuelve un gran melodrama.

Eddie Redmayne aporta gracia y sutileza a la forma en que Einar se transforma en Lili, aún cuando su personaje es completamente unidimensional. Alicia Vikander (futura ganadora al Oscar como actriz secundaria a pesar de ser la incuestionable protagonista del filme) hace maravillas para crear profundidad emocional en Greda, la esposa de Einar. Una mirada de Vikander escribe más sobre el personaje que las decenas de páginas de Cox, repletas de la mismas líneas: “estoy preocupada por mi esposo”, “esto es muy difícil”. Ella --aún más que los magníficos vestuarios y los estilizados sets-- es lo único que mantiene a flote toda la película cuando amenaza en convertirse en una telenovela. Creo que esta historia merecía un mucho mejor acercamiento.

viernes, 22 de enero de 2016

The Revenant

★★★ ½


(Revenant: el renacido)
USA: 2015, 158 min.
Clasificación: B15
Director:  Alejandro G. Iñárritu
Guión: Alejandro G. Iñárritu y Mark L. Smith
Con: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson, Will Poulter, Forrest Goodluck
Drama. Western.



Hay películas que se ven y películas que se viven. The Revenant pertenece a esta última (y especial) categoría. Es una experiencia inquietante y completamente inmersiva (sin necesidad de estupideces como salas 4D). Aquellos que se se perturban con facilidad deberían mantenerse lejos de esta: desconoce el significado de ‘piedad’. Es brutal, sí, pero también está llena de belleza. No encontrarán nada igual en el cine, ni ahora ni en algún otro momento.

Alejandro G. Iñárritu (recién ganador del Oscar por Birdman) estaba empeñado en lograr un realismo nunca antes visto. Viajó a los extremos del mundo para conseguir suficientes meses de invierno. Se rehusó a usar efectos por computadora para mejorar los paisajes, por lo que puso a sus actores en medio de bosques y glaciares. Filmó en secuencia a pesar de la impracticidad. Decidió --junto al siempre confiable fotógrafo “Chivo” Lubezki-- emplear únicamente luz natural para grabar con la nueva cámara digital 6.5K de Arri. Excedió su presupuesto de $60m, elevándolo hasta los $135m…


Y los resultados son espectaculares. Cada uno de los retos rindió frutos invaluables. La historia de Hugh Glass no sería nada sin ellos. Glass (DiCaprio) es un hombre fronterizo en USA durante los 1820s, que durante una expedición para conseguir pieles, fue atacado salvajemente por un oso. Sus compañeros, perseguidos por nativos americanos, optan por dejarlo atrás, dándolo por muerto. Pero Glass sobrevive, y --herido y sin recursos-- emprenderá el viaje de regreso al grupo para vengarse de Fitzgerald (Tom Hardy), el hombre que lo abandonó y es responsable de la muerte de su hijo (Forrest Gooluck).

Se supone que esta será la película que le ganará a Leonardo DiCaprio su deseado Oscar. El papel exigió grandes retos al actor: largas jornadas en el frío, comerse un hígado crudo, actuar dentro de una piel de caballo, y fingir ser atacado por un oso (la mejor y más tensa secuencia de todo el año, una proeza de fotografía y efectos visuales). Su interpretación se nutre de esto, transmitiendo una fuerza primaria y un instinto de supervivencia inusualmente viscerales para el actor. Es una lástima que Glass esté escrito con sólo una emoción: “URGHHH”. Es un personaje plano y DiCaprio no puede traerle complejidad emocional más allá de sus (conmovedores) gemidos.


Personalmente, quedé más sorprendido por el trabajo de Tom Hardy. Como Fitzgerald, el actor explota su fisicalidad y voz para crear una presencia amenazante. Sin embargo su personaje no es ‘malvado’, sólo un hombre pragmático y un tanto mezquino. Fitz ha pasado por mucho, y hay algo en la mirada de Hardy que revela lenta y devastadoramente los restos de un hombre que ha sido golpeado por la vida. Tristemente, el guión decide abandonar toda la complejidad del personaje en el último tercio de la historia, para configurarlo como un villano más tradicional.  

De hecho, el último tercio de la película empieza a hacer evidentes algunos problemas que existieron desde el principio. Con una duración de 2 horas 40 minutos, hay varias escenas que ya se sienten repetitivas, especialmente hacia el final. Una pequeña subtrama sobre la esposa muerta de Glass, contada en un estilo Terrence Malick espiritual (Iñárritu ya había intentado esto antes, en Biutiful) no termina de cuajar con la dureza del filme y falla en crear un vínculo más profundo con el personaje. Y, a pesar de que tenernos en el borde de nuestros asientos todo el tiempo, la historia tiene poca resonancia emocional. Empatizamos con el dolor físico del personaje, pero no conectamos con él, ni con su súbita sed de venganza.


No obstante, las imágenes y sonidos nos mantienen pegados a esta magnífica experiencia cinematográfica. El compromiso del crew se extendió a cada área. Mucho se ha dicho del genio de Lubezki, y merece todos los superlativos del mundo. Pero también hay que acordarse del equipo de diseño y mezcla de sonido, que complementan el realismo de las imágenes, ofreciendo complejos sonidos naturales que pasan de tranquilizantes a amenazantes en sólo un segundo. Asimismo, integran a la perfección la atmosférica música de Ryuichi Sakamoto, Alva Noto y Bryce Dessner que complementa la frialdad del paisaje sin llamar la atención. Vestuario, props, maquillaje, todo lo demás encaja a la perfección con el resto del rompecabezas.  

Con permiso de Leo, The Revenant es realmente un showcase de Iñárritu como director. Es testamento de su persistencia (o necedad), y de la fuerza de su visión. Tomó miles de riesgos, confiando en que sabía lo que hacía, y, al final, demostró que estaba en lo cierto. Todos admiten que el rodaje fue un infierno, pero ahora él los está llevando al paraíso de los premios y nominaciones. Como película, es una experiencia densa y pesada que no será del agrado de todos, pero, definitivamente, debe ser una cita indispensable para cualquiera que sea fan del cine.





Lo Mejor: Memorable. Experiencia visceral, casi física. Cada uno de los departamentos técnicos está impecable (además de Lubezki, duh, destaco mucho la edición y el sonido). Actuaciones comprometidas. El oso.


Lo Peor: Transforman a un antagonista fascinante en un villano estándar. Es 15 minutos demasiado larga. Poca resonancia emocional. ¿Y Powaqa?

Paréntesis: No quiero vivir en un mundo que ya no pueda bullear a Leo por su obsesión con ganar un Oscar. Además, siendo honesto (y ya vi a los cinco candidatos al premio) Michael Fassbender ofrece un personaje más complejo y matizado en Steve Jobs. Aunque Leo está muy bien, su personaje no es complejo. Nadie ha jadeado, gemido y gruñido como él, eso sí.


jueves, 21 de enero de 2016

Spotlight

★★★★


(En primera plana)
USA: 2015, 127 min.
Clasificación: B
Director:  Tom McCarthy
Guión:  Tom McCarthy, Josh Singer
Con: Michael Keaton, Mark Ruffalo, Rachel McAdams, Liev Schreiber, John Slattery, Brian D’Arcy James, Stanley Tucci, Billy Crudup.
Drama Periodístico.


A veces, menos es más. Ese es el caso de Spotlight, que sigue al equipo de periodistas del Boston Globe que descubrió alarmantes verdades sobre la iglesia católica. El director y guionista Tom McCarthy se enfoca exclusivamente en el proceso periodístico, evitando dramatizar los hechos, y  alejándose de presentar melodramaticamente la vida privada de sus personajes. El resultado es una película fascinante, inesperadamente tensa (casi detectivesca), que, además, funciona como recordatorio sobre la importancia de las investigaciones periodísticas.


En 2001, cuando un nuevo editor (Liev Schreiber, brillantemente contenido) llega al Globe, encarga una investigación detallada sobre las acusaciones de un abogado (Stanley Tucci) hacia la Iglesia Católica de Massachussets por ocultar unos cargos de violación a menores. El equipo encargado es el ‘Spotlight’, un grupo selecto compuesto por Walter ‘Robby’ Robinson (Michael Keaton, que evoca años de experiencia periodística con gracia), Mike Rezendes (Mark Ruffalo), Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams) y Matt Carroll (Brian D’Arcy James). Las investigaciones los llevarán a verdades inesperadas y alarmantes, pero este grupo de periodistas están determinados en contar la verdad.


El reparto entero es magnífico. Es una verdadera película de ensamble, en la que todos aportan más como conjunto que como individuos. Ruffalo y McAdams están nominados al Oscar, pero sus roles no están diseñados para robar cámara y no son mejor que los de sus compañeros. De hecho, todos los elementos son considerablemente matizados y poco llamativos; coexisten completamente en función de la historia. La magnífica fotografía de Masanobu Takayanagi está llena de tonos blancos y grises, y opta por movimientos controlados. La edición de Tom McArdle no se apura en cortar cada nueva línea de diálogo, pero ofrece un gran ritmo a cada escena. Y temas de Howard Shore, más que aportar melodías memorables, conforman una atmósfera muy armónica.


Realmente, todo el peso de la película cae en la historia real y en la forma en que los periodistas llegaron a la verdad. Por suerte el guión siempre mantiene un gran momentum y es capaz explicar todo el desarrollo de la investigación sin perdernos. Además, recuerda el lado humano de sus personajes sin necesidad inventarles exageradas subtramas personales, como un intento desesperado para hacernos empatizar con ellos.


McCarthy ha hecho una excelente película que, si bien no generará pasiones u odios intensos, sí alcanzará un consenso general muy positivo, tan sólo por la excelencia de su realización. Cada uno de los elementos está en en el lugar correcto, y aunque no tienen grandes pretensiones artísticas o dramáticas, tampoco las necesita. Muchas veces, menos es más.


Lo Mejor: Consistentemente bien hecha. Magnífico trabajo de un reparto perfectamente bien ensamblado. Poderosa historia bien tratada. Casi no hay clichés de biopic. El buen periodismo sigue vivo… al menos en el cine.

Lo Peor: Pues… nada, realmente. No me pondré payaso rebuscando detallitos.

viernes, 8 de enero de 2016

Concussion & 45 Years


La semana pasada salieron dos películas cuyos actores aspiran nominaciones a los Oscar. La tienen difícil, aunque sería tan feliz si al menos ella consiguiera una.....




Concussion
★★
(La verdad oculta)
USA: 2015, 123 min.
Clasificación: B
Director:  Peter Landesman
Guión:  Peter Landesman
Con: Will Smith, Albert Brooks, Alec Baldwin, Gugu Mbatha-Raw, Mike O’Mally
Drama. Biopic

Concussion es otro biopic sacado del molde. Tiene todos los elementos: una buena historia verdadera, un guión condescendiente lleno de monólogos sobre “hacer lo correcto”, el sueño americano en peligro, un protagonista formidable (Will Smith, en una introvertida y magnífica interpretación mil veces superior a la película en la que está), su compañero sassy (Albert Brooks, robándose todas las escenas) y su forzado interés amoroso (Gugu Mbatha-Raw desperdiciada). En este caso, la historia del patólogo Bennet Omalu que descubre lesiones cerebrales inquietantes en jugadores de fútbol americano, y se enfrenta a la NFL para que reconozcan la situación. Al principio, Concussion se presenta como un interesante y prometedor thriller médico. Sin embargo, va perdiendo urgencia con rapidez, hasta el alarmante momento en el que Omalu literalmente se vuelve un espectador de su propia historia. No sé por qué el director/guionista Peter Landesman pensaría que terminar su película de manera anticlimática y aburrida era una buena idea.



45 Years
★★★ ½
(45 años)
UK: 2015, 95 min.
Clasificación: B
Director:  Andrew Haigh
Guión:  Andrew Haigh
Con: Charlotte Rampling, Tom Courtenay, Geraldine James
Drama. Romance (?)

Andrew Haigh ofrece una mirada íntima y conmovedora sobre el matrimonio en 45 Years. Es una historia simple, contada sin rodeos o subtramas innecesarias. En la víspera de su fiesta de 45 aniversario, los Mercer, Kate (Charlotte Rampling) y Geoff (Tom Courtenay), deberán reevaluar su relación cuando él recibe una carta con noticias sobre su primer amor. ¿Cuánto importa el tiempo que compartieron? ¿Cuál es la clave de una pareja exitosa? ¿Qué tanto puede sorprenderte alguien con quien has pasado toda tu vida?

La fortaleza más grande de la película es su honestidad. Haigh se niega a encasillar las emociones de sus personajes o a juzgar sus acciones. De hecho, son ellos quienes se contemplan a sí mismos con sorpresa, confusión, o decepción. Nada es bueno o malo; feliz o triste, y no tiene por qué serlo. Cada nueva escena le da la oportunidad a los actores de explorar la complejidad de su situación.

Sus dos protagonistas brindan invaluables interpretaciones: son naturales y emotivos, sin caer en ningún exceso o necesitar de algún ‘gran momento actoral’ (ya saben, esos monólogos llenos de llanto). En particular, Charlotte Rampling merece los más grandes elogios. Expresa el torbellino de ideas y emociones por los que pasa Kate con sólo un gesto o movimiento. Y su close up final es una maravilla.   


lunes, 4 de enero de 2016

Steve Jobs

★★★½

(Steve Jobs)
USA: 2015, 122 min.
Clasificación: B
Director:  Danny Boyle
Guión:  Aaron Sorkin
Con: Michael Fassbender, Kate Winslet, Jeff Daniels, Seth Rogen, Michael Stuhlbarg, Katherine Waterston.
Drama. Biopic.



Entiendo, Steve Jobs es una película difícil: su protagonista es despreciable, su estructura inusual y sus diálogos son tan intensos como las persecuciones de Mad Max. No me sorprende que la audiencia se haya alejado de la película (un fracaso en taquilla internacional). Pero, lo inusual, es que también los críticos y la industria se han olvidado de reconocerla en lo que va de esta temporada de premios. Tal vez sea víctima de un estreno demasiado tardío, ahora que han salido cientos de libros y documentales sobre Apple y su fundador. Este nuevo filme podrá no ser del agrado de todos, pero es, indudablemente, de las mejores películas de 2015.

Aaron Sorkin brillantemente se aleja de todas las convenciones de los biopics, y en vez de intentar compactar toda una vida en dos horas (como hace Jobs con Ashton Kutcher), monta tres puntos clave en la vida/carrera de Jobs que ilustran y construyen a su personaje. Podrán ser invenciones del guionista y podrán depender demasiado en coincidencias ficticias, sin embargo, están perfectamente documentadas. A mi parecer, el resultado de este acercamiento es más honesto y verdadero que un burdo y vago resumen. Los logros de Steve Jobs los conocemos, de una forma u otra, pero lo que interesa a Sorkin es explorar cómo era el hombre.


Así, cada uno de los tres actos es un excelente drama tras bambalinas --ocurrido en tiempo real-- de la presentación de tres inventos importantes. En ellos, se muestra a Steve Jobs (Michael Fassbender) en momentos de gran estrés lidiando con todos los aspectos de su vida: su obsesión con el más mínimo detalle en cada una de sus creaciones, los equipos detrás de ellas --que a veces merecen más crédito que él en su éxito--, sus empleados, sus empleadores, su ex pareja Chrisann (Katherine Waterston) y la hija a quien se rehúsa a reconocer.

Fassbender está magnífico como Jobs. No se parece mucho en lo físico (aunque el sutil trabajo de maquillaje hace maravillas para darle un correcto aire), pero proyecta la misma inteligencia y arrogancia que él. Lo único comparable a su crueldad es su magnetismo y carisma, así que, por más desagradable que se muestre es imposible perderle el interés. Tal vez por eso, gente brillante como Joanna Hoffman (Kate Winslet, magnífica, siempre sensible sin tener que sacrificar la fortaleza de su personaje), Jack Scully (Jeff Daniels, un maestro hablando Sorkin), o Steve Wozniak (Seth Rogen, inesperadamente sutil) luchaban por mantenerse a su lado y enseñarle a ser mejor, casi como si fueran sus padres.

De hecho, el guión obtiene cohesión en el tema de la paternidad. Jobs era más un papá para sus inventos que para su familia; era huérfano pero encontró figuras paternas en otros; se sentía rechazado por el mundo y luchó para obtener reconocimiento, al tiempo que rechazaba a todos los demás. La estructura de tres actos de Sorkin permite no sólo presentar momentos importantes de su crecimiento profesional y personal, sino mostrar cómo el tiempo lo fue cambiando. Aquí es donde la interpretación de Fassbender realmente brilla, cuando muestra atisbos de las emociones más profundas que tanto quiere reprimir.


Crédito también debe darse al director Danny Boyle, que emplea su estilo hiperkinético para crear un ritmo urgente y mantener el paso a los rápidos diálogos de Sorkin. En general controla su tendencia a estilizar demasiado las cosas (aunque algunas instancias de imágenes sobre imágenes roban demasiada atención), permitiendo que la poderosa historia y sus actores luzcan por cuenta propia. Y, en su ayuda, están el fotógrafo Alwin H. Küchler y el compositor Daniel Pemberton que ayudan a una gran dinámica visual y auditiva.  

Sin embargo, al final del día, el show pertenece a Sorkin y a Fassbender, que exploran la mítica figura de Jobs alejándose de toda tentación de caer en indulgencias o sentimentalismos. Que el personaje resulte a veces demasiado irritante es parte de la belleza de la película: su genio era terrible, pero en ningún momento dejaba de ser genial. Si no quieren perderse uno de los mejores filmes de 2015, háganse un favor y permítase ver Steve Jobs.



Lo Mejor: Michael Fassbender merece el Oscar. Sorkin sigue escribiendo diálogos monumentales. Brillante trabajo de todo el reparto. Un enfoque original a una historia conocida.

Lo Peor: El primer acto puede resultar fastidioso. A algunos les va a costar trabajo empatizar con Jobs.

Paréntesis: Cada acto fue filmado con un formato diferente, para expresar la transición de la tecnología y darles una apariencia más distintiva: el primero en 16mm, el segundo en 35mm y el último en digital.