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lunes, 12 de noviembre de 2018

First Man


★★★ 

El primer hombre en la luna
USA. 2018. 141 min.
Clasificación: B
Director: Damien Chazelle
Guión: Josh Singer
Con: Ryan Gosling, Claire Foy, Kyle Chandler, Jason Clarke, Corey Stoll, Ciarán Hinds.
Biografía. Drama.


First Man, al igual que las películas pasadas del director Damien Chazelle (La La Land, Whiplash), se trata de un hombre obsesionado por lograr sus ambiciones. En este caso, el protagonista es Neil Armstrong, ingeniero aeronáutico y piloto, mejor conocido como el primer hombre en pisar la luna. El filme se enfoca en los programas de la NASA que lo llevaron al espacio, así como los riesgos y sacrificios que implicaron. 

Después de una tragedia familiar y una misión algo desastrosa en un X-15, Armstrong (Ryan Gosling, en el mejor deadpan desde Kristen Stewart) se muda a Houston para trabajar en la NASA. Juno con su equipo (Kyle Chandler, Ciarán Hinds, Corey Stoll y muchos otros actores que nunca alcanzamos a distinguir claramente) se vuelca totalmente en la encomienda de llegar a la luna, abandonando en el proceso a su familia. Su esposa Janet (Claire Foy, magnífica) cuida de sus hijos con gracia y cariño, mientras espera nerviosamente a que regrese con vida cada vez debe tripular una nave.



Para bien o para mal, First Man parece un libro de texto hecho película. Es meticulosa con el detalle y cubre todos los puntos importantes --contexto histórico, misiones espaciales, dramas familiares-- con gran realismo. No quiere enaltecer nada. De hecho, su punto es mostrar lo peligroso que fue todo. El guionista Josh Singer ya ha demostrado su habilidad investigadora en dramas periodísticos (Spotlight, The Post), no obstante, creo que su enfoque metódico resulta demasiado distante aquí. La narrativa es un mero cronograma. Lo que se retrata es puramente histórico, nunca emocional. 

Esto tiene sentido de acuerdo al retraído personaje de Neil Armstrong, en el que se centra la perspectiva del filme. El hombre era poco expresivo, casi robótico. Singer intenta iluminar su estado emocional, pero lo hace a través de flashbacks que se sienten algo forzados y demasiado obvios. Quizás hubiera sido mejor dejar el misterio interior de Armstrong completamente oscuro. Tampoco puedo evitar pensar que los cineastas debieron ampliar su enfoque y profundizar algunas tangentes de la historia (las protestas contra los programas espaciales, la vida doméstica de las familias de astronautas) para encontrar su corazón algo ausente. Armstrong claramente estaba obsesionado, pero, a diferencia de los otros personajes de Chazelle, su búsqueda no demuestra pasión. 



Por fortuna, las secuencias espaciales son increíbles. Los sets hiperrealistas de Nathan Crowley son fríos y claustrofóbicos. El tenso diseño sonoro, las incesantes sacudidas de cámara, y el montaje veloz crean una cacofonía de ruidos e imágenes que genuinamente angustian. Sin embargo, el estilo documental de Chazelle a veces resulta excesivo y distrae en las escenas sobre la Tierra. Además, la cámara en mano (con tomas irregularmente enfocadas) de Linus Sandgren puede confundir en ocasiones. A pesar de su gran capacidad para generar atmósfera, la película tiene algunas dificultades para mantener claridad dentro del caos (al contrario de películas recientes como Dunkirk, Mad Max: Fury Road o las filmografías de Paul Greengrass y Kathryn Bigelow, por ejemplo).

A pesar de la calidad técnica en las escenas espaciales (el clímax lunar es una belleza), los momentos más vivos de la película involucran a Jan Armstrong. Con su escaso tiempo en pantalla, Claire Foy crea un personaje lleno de vida interior, preocupaciones, y cariño. Ella saca lo mejor de su marido, y es quien nos hace desear su triunfo. De ahí en fuera, sólo la música del invaluable Justin Hurwitz (genio detrás del score de La La Land) parece tener alma. El resto de la película quizás es demasiado similar a Armstrong para su propio bien: calculadora, distante, sin compartir sus verdaderas emociones, pero, a fin de cuentas, sorprendente.

Her Majesty


viernes, 2 de marzo de 2018

Phantom Thread


★★★½


El hilo fantasma
USA: 2017, 130 min.
Clasificación: B
Director: Paul Thomas Anderson
Guión: Paul Thomas Anderson
Con: Daniel Day-Lewis, Vicky Krieps, Lesley Manville.
Drama. Romance.


Roger Ebert (un crítico que no sólo evaluaba la calidad cinematográfica, sino emocional, intelectual, e incluso filosófica de las películas) escribió sobre Fantastic Mr. Fox (2009, dir. Wes Anderson) lo siguiente:
A good story for children should suggest a hidden dimension, and that dimension of course is the lifetime still ahead of them.
Creo que es una idea que aplica perfectamente a todo tipo de obras, no únicamente las infantiles. El arte nos cautiva no sólo por lo que podemos entender y apreciar en el ahora, sino por los descubrimientos, las incógnitas, y los misterios con los que nos confronta, y nos hacen recordar lo mucho que aún ignoramos sobre la vida. Cualquier expresión artística es una forma de conectar con otra persona, pero en el fondo es una experiencia de comunión y reencuentro con toda la humanidad, que yace contenida en el microcosmos de la obra creada por el artista.



Esto me lleva a Paul Thomas Anderson. El cineasta norteamericano es uno de mis favoritos. Igual que con Terrence Malick, Ingmar Bergman, o Krzysztof Kieślowski, su filmografía (en particular las últimas tres There Will be Blood, The Master e Inherent Vice) siempre me ha costado trabajo, aunque, al mismo tiempo, me fascina. Da la impresión de que sus películas son más, que hay algo ahí escapándose de nuestro alcance. Los mundos que crea en pantalla parecen más complejos y vastos de lo que vemos a primera vista; sus personajes parecen esconder secretos y pasados que nunca llegaremos a conocer.

Phantom Thread, su más nuevo trabajo, es una obra de seducción. Cada encuadre, cada decorado, y cada vestuario es un festín visual. La película examina la vida de Reynolds Woodcock (el icónico Daniel Day-Lewis) --un modista británico de alta costura en los años cincuenta-- y su intensa relación con Alma (Vicky Krieps, recuerden ese nombre), su musa, modelo, amante (?). En principio podría parecer una historia de amor codependiente o una sátira del mundo de la moda, aunque, más bien, Anderson utiliza estos elementos para hacer una exploración detallada de la evolución de la seducción: no se trata del amor que comparten Reynolds y Alma (o su pasión por la moda), sino del proceso continuo que implica lograr la atención y atracción del otro, utilizando todos los recursos que sean necesarios.


Reynolds es un hombre que ama la rutina, la pose, y el control. Alma es una mujer libre, espontánea, genuina. Sus personalidades embonan, pero no combinan. La relación de ambos va mutando. Su dinámica de poder cambia constantemente. Tienen que aprender a romper sus vicios y costumbres; aunque signifique cambiarlos por otros nuevos. En medio de ambos está Cyril (Lesley Manville, excelsa), la hermana de Reynolds, quien administra la casa de moda, funge como ancla emocional, y ‘se encarga’ de las chicas de su hermano cuando resulta necesario. Cyril es la única constante de Reynolds; y para Alma representa a veces una enemiga, y otras, una aliada.

También están los vestidos de la Casa Woodcock (estos premios Oscar, me compadezco de cualquier diseñador de vestuario que no sea Mark Bridges): ocultando apariencias, realzando la belleza física, hechos a la medida para ensamblar únicamente con el cuerpo de una sóla persona. Una toma de medidas, una pasarela, o una sesión de fotos pueden alejar o acercar a la pareja de una forma íntima. Entre los pliegues de sus prendas, Reynolds oculta pequeños mensajes o secretos; fantasmas que mantienen su obra unida y reflejan más sobre quién es realmente este hombre que las muchas horas que pasa diseñando o cosiendo.


Lo más curioso de todo es que Anderson plantea Phantom Thread con si fuera un misterio de los años cincuenta (muchos críticos han mencionado ecos a Vértigo (1958) o Rebecca (1940) de Hitchcock). Sus escenas están llenas de ambigüedad y la sensación de que hay un terrible evento oculto en el pasado o acechando desde el futuro. De esta forma llama nuestra atención a pequeños detalles y acciones que parecerían inofensivas, pero están cargadas de intención y significado (cocinar una sopa, amigos, jamás fue tan tenso). Así nos prepara para aceptar las inesperadas vueltas de tuerca que da la atípica relación Reynolds-Alma. Su aliado principal para este efecto es la música casi vintage de Jonny Greenwood, que consigue ser simultáneamente suntuosa y amenazante.


Ya he escrito mucho y aún no he tocado el elemento más importante de sobre Phantom Thread: las tres interpretaciones principales. Daniel Day-Lewis ha anunciado que esta será su última película (espero que no lo sea). Su actuación final es magnética (parece casi hipnotizado cuando confecciona un vestido) e inesperadamente humorística, a pesar de ser bastante sutil. Reynolds Woodcock es igualmente carismático y despreciable, pero en ningún momento podemos cuestionar su genialidad. Vicky Krieps, por otra parte, empieza a penas su carrera y hace aquí una entrada triunfal: su Alma podría ser casi una víctima, pero le inyecta una tenacidad y perspicacia casi escondidas, que nos hacen dudar si es tan vulnerable como le ha hecho pensar a todos. Su éxito está en interpretar el papel con intensidad interior en vez de sobreactuar cada momento. Por último, Lesley Manville, como Cyril, es un ejemplo de control y economía interpretativa. Su mirada dice más que mil palabras. Hay un aire de ambigüedad en ella: es a la vez cortés, dominante, fría, y cariñosa; todas sus acciones parecen indicar que esconde secretos importantes y que sólo ella entiende lo que está ocurriendo, pero es incapaz de cambiarlo.


Hay demasiado que analizar y apreciar acerca de Phantom Thread. No es una película sencilla. Definitivamente no es muy ágil, o clara en un sentido tradicional hollywoodense. Sin embargo es visual y auditivamente preciosa, está interpretada a la perfección, plantea preguntas diversas e invita a lecturas distintas, no sólo de sí misma, sino de la vida en sí. Su cualidad enigmática nos invita-- no, nos seduce a pensar en ella mucho después de los créditos finales.

viernes, 26 de enero de 2018

Darkest Hour

★★

Las horas más oscuras
USA: 2017, 125 min.
Clasificación: B
Director: Joe Wright
Guión: Anthony McCarten
Con: Gary Oldman, Kristin Scott Thomas, Stephen Dillane, Lily James, Ronald Pickup, Ben Mendelsohn.
Biopic. Drama.


La entera existencia de Darkest Hour fue pensada para darle un Oscar al actor que interprete a Winston Churchill. Nada más. El resto de la película ni siquiera hace un esfuerzo por hacer un retrato detallado --o interesante-- del primer ministro británico. Afortunadamente, el papel cayó en manos de un excelso trabajo de maquillaje --diseñado por Kazuhiro Tsuji-- ayudado por Gary Oldman, un actor de un compromiso y meticulosidad innegables. 

El guionista Anthony McCarten toma la decisión de enfocar el biopic en el primer mes de Churchill en su cargo, cuando la amenaza de la invasión Nazi se extendía por todo Europa. ¿Qué se debe hacer? ¿Negociar la paz? ¿Encarar la guerra? ¿Atemorizar a la gente con las noticias? ¿Mentirles por piedad? Son preguntas genuinamente interesantes, que Churchill --o el guión-- ni siquiera consideran por un momento: lo correcto es encarar a Hitler y no rendirse. Fin. (Y tenía razón, eso lo sabemos ahora, pero en ese tiempo debió suponer una incertidumbre verdadera).

Las otras dos horas de la película, más que explorar los pros y contras de todas las alternativas, muestran a Churchill vociferando a su familia, a su secretaria, al parlamento, al rey, y a todo lo que cruce su camino, intentando demostrar que él está bien y los demás mal. Los momentos de “duda” se sienten más bien como rabietas y corajes. Si tan sólo el guión hiciera un esfuerzo en pintar a Churchill como algo más que una Leyenda, posiblemente se habría ocupado en abordar sus emociones, inseguridades, culpas, o sentimientos. No obstante, al presentarlo más grande que la vida, el conflicto de la trama nunca tiene resonancia personal con él. ¿Qué lo motiva? ¿Qué lo hace ser de esta forma?


Todos los personajes secundarios están escritos como un intento para humanizarlo y guiar al público sobre lo que debería estar sintiendo. Lily James es su secretaria, Miss Layton, que, después de ser bulleada por él, se vuelve su admiradora y más devota subordinada (no sé cómo funciona eso). Kristin Scott Thomas (totalmente desperdiciada) es su esposa Clemmie, quien desde el inicio nos dice “yo sé que lo importante para ti es la política y nosotros siempre seremos relleno” y efectivamente, su personaje nunca más vuelve a ser relevante (aunque esta escena es la única con resonancia emocional). En general, todas las subtramas se abandonan o descuidan en algún momento. Nadie más que Churchill importa aquí.

Entonces, pues, ¿qué tan increíble es Gary Oldman como Winston Churchill? Mucho, aunque en Darkest Hour está lejos de su excelencia habitual. Por supuesto, el actor desaparece bajo el maquillaje (como ha hecho muchas veces). Claro que su voz se escucha como la del primer ministro y sus movimientos lo evocan a la perfección (sin caer en burdas imitaciones). Pero, para todo su esplendor técnico, el personaje está emocionalmente vacío. Más que una melodía, la interpretación es una sola nota... tocada de maravilla, por supuesto, pero nada más. Su Churchill nunca trasciende gritar, ser un bravucón con los demás (justificado porque él está en lo correcto siempre), y ser hábil con las palabras. El guión le otorga grandes oportunidades para hacer comentarios ácidos (“deja de interrumpirme cuando te estoy interrumpiendo”) y exclamar a los cuatro vientos. Pero, al no encontrar otros matices, se vuelve repetitivo, tedioso e incluso, anticlimático: al momento de su icónico discurso “We Shall never Surrender” lo hemos oído gritar taaaaaantas veces que ya no tiene impacto.



Los esfuerzos del director Joe Wright (Pride & Prejudice, Atonement) por traer energía e inmediatez a la trama se agradecen, aunque al final ni siquiera él puede hacer mucha diferencia (es imposible ocultar un paréntesis manipulador, falso y completamente fuera de lugar que interrumpe el clímax de la película). El compositor Dario Marianelli es el único enfocado en crear tensión, ritmo, o emoción en la historia; su pulsante música (con solos del pianista Vikingur Olafsson) es el verdadero MVP. También, el fotógrafo Bruno Delbonnel (uno de mis preferidos, con trabajos diversos como Amelie, Harry Potter 6 y lo más nuevo de Tim Burton) llena de sombras y oscuridad todos los cuartos, creando una atmósfera fría e incómoda --igual que Churchill --.

A pesar de sus muchas nominaciones a los premios de la Academia (incluyendo una a Mejor Película) creo que Darkest Hour, aunque técnicamente intachable, es una película mediocre. Genuinamente se me hace una tristeza que Gary Oldman --reconocido por habilidad para crear personajes originales y excéntricos-- al fin gane su esperadísimo Oscar por una actuación tan cliché. Véanla por el gozo de disfrutar a Gary Oldman vociferando como Winston Churchill dos horas sin parar.



martes, 17 de octubre de 2017

Blade Runner 2049

★★★½


USA: 2017, 163 min.
Clasificación: B
Director: Denis Villeneuve
Con: Ryan Gosling, Harrison Ford, Sylvia Hoeks, Ana de Armas, Robin Wright, Jared Leto
Guión: Hampton Fancher, Michael Green
Sci-Fi. Drama.


En tiempos de Universos Cinematográficos, reboots, y segundas partes, Blade Runner 2049 es la mejor secuela que hemos tenido en años. Es más un homenaje a la original que un remake; más una expansión que una continuación. No es un refrito, sino una idea original que ocurre íntegramente en un universo que conocemos, con el cual comparte elementos claves.

Hampton Fancher --guionista de la primera Blade Runner-- retoma temas existenciales y misterios sin concluir para crear otra historia detectivesca sobre replicantes y sus cazadores, los blade runners. La película se disfruta más sin saber mucho de la trama. Una sorpresa (o muchas, como es este caso) no debe arruinarse. Basta con saber que, para resolver uno de sus casos, el blade runner K (Ryan Gosling) se ve en la necesidad de buscar entre los archivos de la antigua corporación Tyrell.




Resulta maravilloso lo emocionalmente satisfactoria que es esta película. Para tratarse sobre robots e inteligencias artificiales, hay un gran corazón en su fondo. La original fue criticada en su tiempo por el poco involucramiento que generaba con sus protagonistas (algo debatible, pero comprensible); esto no ocurrirá con la secuela. De hecho, el punto más impresionante de la primer Blade Runner es la fuerza visual y auditiva que logró Ridley Scott. Su estilo es ahora icónico; uno de los más influyentes de la cinematografía desde entonces. Sin ser una copia exacta, 2049 amplía y mantiene la perfección visual y sonora.

Roger Deakins es un genio. Todas las reseñas de Blade Runner 2049 contienen al menos una mención o alabanza a su trabajo como director de fotografía y yo no romperé la tradición. Su uso del color y de la luz, su construcción de los espacios, la calma en los movimientos de cámara, sus encuadres siempre interesantes… Este es un hombre que comprende el universo de la película y lo pinta a la perfección. De hecho, el equipo entero de esta película es de ensueño.


Denis Villeneuve (Arrival, Sicario, Prisoners) es uno de los mejores directores hoy en día. Su control sobre la atmósfera es único. El diseñador de producción Dennis Gassner amplía la ciudad y sus alrededores de forma titánica, y sus sets y modelos evocan con respeto a los originales. Renée April diseñó el mejor abrigo del siglo, digno de Warren Beatty. Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch rinden un glorioso homenaje al score de Vangelis, con una delicadeza y sutileza conmovedores (e inesperados), pero nunca desaprovechan la oportunidad de ser bombásicos cuando la historia lo requiere. Junto con el equipo de sonido crean una atmósfera abrasadora (llena de bullicio y lluvia incesante), pero, también, momentos de gran intimidad.

El reparto está espectacular. Gosling (en pleno mood Drive) está en su máximo esplendor como hombre meditabundo y aislado, con demasiado corazón para el mundo que lo rodea. Harrison Ford regresa a su icónico rol de Deckard (de qué forma, no se los diré) y este es el reprise más entrañable que ha hecho hasta ahora (aún más que Han Solo). Imprime un dolor y un cansancio en Deckard que son imposibles de ignorar. Ana de Armas es una maravilla de quien es imposible no enamorarse… a pesar de todo. Sylvia Hoeks,  Robin Wright y Jared Leto también ofrecen excelentes papeles.




Hoy, varios días después de ver Blade Runner 2049, estoy impresionado por lo mucho que ha crecido en mí. Hay más que su perfección técnica o sus brillantes efectos especiales. Sus personajes y sus comentarios sobre la humanidad y la tecnología son más potentes de lo que inicialmente había creído. No deberían perder la oportunidad de verla. Ni siquiera necesitan ver la original para comprenderla (pero, por favor, no dejen de hacerlo, es una joya en sí misma, y enriquecerá mucho la experiencia de la secuela). Es un blockbuster de Hollywood del más alto calibre. Tal vez por eso no ha tenido la mejor taquilla. Creo que ya nos estamos acostumbrando a la basura.


P.D. Academia, dénle el Oscar a Roger Deakins desde ahora. Antes que se les ocurra entregárselo a Life of Pi o algo.



domingo, 14 de mayo de 2017

Alien Covenant & Guardianes de la Galaxia vol. 2


¡El verano ha comenzado oficialmente en el cine (aunque desde marzo hay títulos como La Bella y la Bestia --que me rehusé a ver--, Ghost in the Shell --que no alcancé a ver--, o Logan --película que me gustó pero de la que no hice una reseña))! Aquí mis opiniones de lo que he visto hasta ahora:



Guardians of the Galaxy vol.2
★★ ½
(Guardianes de la Galaxia vol.2)
USA: 2017, 136 min.
Clasificación: B
Director: James Gunn
Guión: James Gunn
Con: Chris Pratt, Zoe Saldana, Dave Bautista, Bradley Cooper, Kurt Russell, Michael Rooker, Vin Diesel, Elizabeth Debicki, Pom Klementieff
Superhéroes. Sci-Fi.  

En su primera película, los Guardianes de la Galaxia se volvieron de los mejores superhéroes en cines: su dinámica de equipo era muy divertida y su excéntrico sentido del humor resultaba fresco. Este vol. 2 nos ofrece más de lo que ya funcionaba, envuelto en una historia sorprendentemente emotiva que explora el pasado de Peter Quill (Chris Pratt) y reflexiona sobre la paternidad. También, cuenta con una fotografìa y diseños de arte vibrantes, coloridos y muy creativos (como la brillante secuencia de los créditos iniciales).
Sin embargo, debido a una estructura bastante desenfocada y dispersa (que separa a los personajes en diferentes subtramas) la película cae, al final, en un caos de CGI confuso e intrascendente. Esto es particularmente triste, considerando que vol. 2 cuenta con uno de los mejores villanos de Marvel hasta ahora (nada difícil). Aunque los Guardianes siguen siendo entretenidos y únicos, su encanto apenas es suficiente para salvarlos de una resolución tan genérica.



Alien Covenant
★★★
USA: 2017, 123 min.
Clasificación: B15
Director:  Ridley Scott
Guión:  John Logan, Dante Harper
Con: Michael Fassbender, Katherine Waterston, Danny McBride, Billy Crudup, Demián Bichir.
Sci-Fi. Horror

Alien: Covenant es la precuela de Alien que los fans esperaban (pero no querían). Retoma muy bien la tensión de la original Alien, con algo de la acción explosiva de Aliens. También rescata y continúa con los  temas existenciales de Prometeo (es, de hecho, una secuela directa) aunque no ofrece respuestas para muchas de las incógnitas que quedaron abiertas. Sin embargo, es otra agobiante entrega de horror en el espacio que avanza lo suficiente el origen de los Alien para hacerla interesante dentro de la saga.
Michael Fassbender está, como siempre, 298372653 veces mejor que el blockbuster en el que participa, y en esta ocasión por dos: sus dos androides son los personajes más complejos, detallados e interesantes de la película. Los personajes humanos tienen suficientes características para ganar nuestra simpatía (ayuda mucho que todos viajen con su pareja, pues la expedición del Covenant -su nave- es colonizar un nuevo planeta), pero su principal tarea es ser desechables, para ser asesinados por los aliens.
El trabajo de arte es asombroso como lo ha sido en toda la saga. En este caso, el resultado es un planeta que podría ser humano, y, sin embargo, resulta sutilmente hostil e inevitable. El diseño de sonido es crucial para aumentar la tensión y volver la acción aún más frenética.  Los efectos visuales son buenos… excepto por los aliens en cuestión. Atrás quedaron los tiempos de los animatronics, que forzaban a esconder al alien lo más posible para mantener la ilusión y aumentar la sorpresa. El director Ridley Scott usa criaturas animadas por computadora, que resultan particularmente falsas sobre los sets detallados y locaciones extraordinarias. Si no fuese por su cuidadosa construcción de la tensión, Alien Covenant hubiera fracasado sólo por lo mal que se ven los aliens. Tal vez hay que ocultarlos otra vez.


miércoles, 22 de febrero de 2017

Manchester by the Sea

★★★★

(Manchester junto el mar)
USA: 2016, 137 min.
Clasificación: B15
Director: Kenneth Lonergan
Guión: Kenneth Lonergan
Con: Casey Affleck, Lucas Hedges, Michelle Williams, Kyle Chandler.
Drama.


Tuve la oportunidad de ver Manchester by the Sea en noviembre, en una función especial. La huella que dejó en mí fue tan grande que incluso ahora, después de haber visto muchos otros estrenos, puedo asegurar que ninguna otra película (estadounidense) de 2016 me llegó tan profundamente y me conmovió tanto como esta. Es deprimente, sí, pero también tiene momentos de gran compasión, humor y ternura. Es casi como la vida.

El guionista y director Kenneth Lonergan hace un impecable y transparente trabajo que oscila sin esfuerzo entre el drama y comedia negra, así como todos los puntos intermedios. Toma una historia en apariencia sencilla y cotidiana y la lleva a la pantalla con una honestidad brutal. Lee Chandler (Casey Affleck) es un miserable conserje en Boston, que es forzado a regresar a Manchester cuando su hermano (Kyle Chandler) tiene un ataque. Ahí, tendrá que asumir la responsabilidad de su sobrino (Lucas Hedges) y enfrentarse a demonios del pasado.


La película no se contenta con seguir fórmulas o estructuras; deja puertas abiertas, capítulos inconclusos, obstáculos aún por superar. Es más que nada un estudio del protagonista, sus emociones, sus conflictos y sus problemas para lidiar con ellos. Como Lee, Casey Affleck brinda la actuación del año. No hay una nota falsa o exagerada: su dolor, su frialdad, su ironía, sus culpas, su lucha por ser mejor, sus intentos de dulzura... todo se lee transparentemente en el rostro de Affleck y llega directo a  tu corazón.  

El resto del reparto es espectacular también, comprometido con mantener el naturalismo y honestidad. Michelle Williams es memorable a pesar de pocos minutos en pantalla. Ella y Affleck dan todo en una de las escenas más incómodas y tristes que ha visto el cine en mucho tiempo. Lucas Hedges, como el sobrino Patrick, despliega un carisma envidiable, pero siempre deja entrever muy sutilmente el tormento emocional por el que pasa. Y Kyle Chandler -en flashbacks- emana una estabilidad paternal que justifica todo el drama después de su muerte.



Manchester By the Sea es difícil, lo reconozco. Toma su tiempo, su duración es algo excesiva y el ritmo en la última hora es inconstante. No tiene una estructura predecible y hay momentos que parecen llevar a ninguna parte (aunque es el punto de Lonergan: crear una pequeña ventana a una vida real, donde no todo existe por una razón). Además puede resultar bastante triste para algunos (y no es de las que hace llorar con amor/odio). Pero es una experiencia genuina, humana y poderosa. Su impacto en las emociones es innegable. Es una película que se queda contigo.


jueves, 9 de febrero de 2017

Hidden Figures

★★★

(Talentos Ocultos)
USA: 2016, 127 min.
Clasificación: A
Director: Theodore Melfi
Guión: Allison Schroeder, Theodore melfi
Con: Taraji P. Henson, Janelle Monáe, Octavia Spencer, Kevin Costner, Jim Parsons, Mahershala Ali, Kirsten Dunst
Drama. Biopic



No tengo gran cosa que decir de Hidden Figures. Es la película feel-good de la temporada. Tiene un gran corazón y deseos de hacer justicia a un grupo de mujeres de color que trabajaron en la NASA a pesar de todas las adversidades raciales y sexistas, y formaron parte de la carrera espacial en los años sesenta. 

El reparto es excelente. Taraji P. Henson nos recuerda lo maravillosa que es y lo mucho que la pasamos por alto. Su Katherine, una mujer nerdy de gran corazón e inteligencia es el mejor personaje de la película (y tiene un par de escenas de maravilloso impacto emocional). Janelle Monáe es toda una fiesta como Mary. Y Octavia Spencer, aunque correcta, debería rechazar su nominación al Oscar.

El director Theodore Melfi cumple su propósito, deja claro su punto y crea algunos momentos conmovedores y otros genuinamente triunfales. A veces simplifica un poco las cosas y no se preocupa por crear controversia o mostrar otros puntos de vista (y algunas de sus decisiones de encuadre o planos detalles resultan incómodas o raras), pero este enfoque le funciona para que la película sea muy fácil de digerir. Misión cumplida, en el mejor de los sentidos.

Mención Honorífica a la música de Hans Zimmer y Pharrell Williams, en especial las canciones de Pharrell.