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jueves, 4 de noviembre de 2021

Dune

★★★


No habrá otra película este año que admire y me desespere tanto como Dune (Duna). Es una contradicción cinematográfica que deseo ver múltiples veces, aunque sea para decidir cómo me siento sobre ella.



Por un lado, es un acto de teletransportación: Denis Villeneuve y su equipo conjuran  todo un universo. La sensación de escala se equipara a épicas como Lawrence de Arabia o Ben Hur; los personajes lucen diminutos frente a las dunas y las naves espaciales. El diseño de Patrice Vermette, a la vez ancestral y futurista, te golpea con detalles tan palpables que deben ser ciertos. 


Muchas películas de ciencia ficción se enfocan en el brillo o los láseres y terminan mezcladas en una mismo futuro genérico, una proyección holográfica que ya hemos visto mil veces. Eso no pasa aquí. En parte, se debe a la mitología de Frank Herbert, que es densa y detallada, más Señor de los Anillos que The Tomorrow War. Pero, también, es el respeto y eficiencia que tienen Villeneuve y sus guionistas: les permite llenar de mitología sin sacrificar claridad (una claridad que hubiera deseado cuando leía la novela, la verdad).


Sin embargo, para todo el éxito que muestra Dune (Dune) en la creación de mundos y culturas… no tiene, en realidad, una historia. La película es el equivalente a un prólogo de dos horas y media, con suerte un Acto I que llama a la acción a nuestros personajes pero termina antes de que empiecen a actuar (al menos hasta 2023, cuando salga la segunda parte). Esto no hace de Dune (Dune) una película inerte, más bien, es otra de sus contradicciones: pasa todo y no pasa nada. 


La fascinación que tiene Villeneuve para explorar este universo es tan completa y tan entregada, que vuelve satisfactorio el sólo observar naves abriendo sus compuertas, o a Lady Jessica caminando por pasillos altísimos. (Rebecca Ferguson parece empecinada en ser la MVP de todas las franquicias y lo está logrando). Sí hay tramas (o promesas de tramas), sí hay personajes (muchos) y, de hecho, cada uno tiene su momento de brillar y darse a conocer… aunque, al final, salí con la sensación de estar desconectado de ellos. Y, a pesar de eso, me importó todo lo que les pasaba, gracias al cuidado (casi voyeurismo) con el que fueron presentados.




La película existe para sentir el universo de Arrakis (la duna del título) aún más que para seguir la historia de su gente. Y qué gran forma de retratarlo. El director de fotografía, Grieg Freiser, con sus close-ups en movimiento, excelente uso de la profundidad de campo, y una iluminación oscura (muy oscura) y naturalista que se integra a la perfección con los efectos visuales, nos hace sentir que todo es realidad (sin tener que recurrir a artificios pseudo-documentales, como agitar la cámara o abusar de zooms).


No obstante, sillegué a emocionarme en alguna escena, fue más por el excelente diseño de sonido de Mark Mancini, que por la imagen, los actores (que son increíbles) o el guión. Su uso de silencios y ruidos es tan controlado que evoca, por momentos, la sensación majestuosa de ver una pirámide o un templo histórico; y, por otros, la intimidad terrorífica de una película de terror antes de atacarte con un jump scare. 


Y, sobre todo, está el score de Hans Zimmer, que encapsula lo que amo y cuestiono del músico: su capacidad de imprimir energía sobre cualquier imagen es en ocasiones sublime, pero, también, frustrante cuando impone lo épico sobre la cosa más corriente (conocer yogur sin azúcar a la música de Batman v Superman te hace sentir como una leyenda). Aquí, sus capas de voces sellan la teletransportación en los mejores momentos de la película (¡Sardukar! ¡Brujas espaciales!), aunque intentan engañarnos gran parte del tiempo: nos empujan a la emoción (general), pero no despiertan emociones (por la historia o sus personajes).



Nada de eso importa, creo yo. Dune (Duna) es el show de Denis Villeneuve. El director de películas que he admirado tanto como Arrival (Top 10 de la década para mí) nos comparte este acto de amor al universo que ha capturado su imaginación por décadas. Su capacidad de crear atmósferas (sigo estresado por Sicario) y ritmos (viva su editor Joe Walker, maestro detrás de Blade Runner 2049) es tan poderosa que puede salirse con la suya, aún sin completar una historia. Y, ojo, no lo digo como algo malo: ¿cuántos directores pueden presumir de haber conjurado un universo entero?


Dune (Duna) es un logro cinematográfico . La parte dos definirá —para mí, al menos— si es un logro de narración o sólo de técnica.




Ficha técnica:

USA: 2021, 155 min.

Clasificación: B

Director: Denis Villeneuve

Guión: Jon Spaihts, Denis Villeneuve y Eric Roth. 

Con: Todo el mundo :O Timothee Chalamet, Rebecca Ferguson, Oscar Isaac, Jason Momoa,

Sharon Duncan-Brewster, Javier Bardem, Zendaya (casi), Josh Brolin, Stelan Skarsgard,

Stephen McKinley Henderson, Charlotte Rampling…. 

Ciencia Ficción. Aventura.


lunes, 5 de noviembre de 2018

Beautiful Boy

★★★½

USA: 2018, 120 min.
Clasificación: B15
Director: Felix van Groeningen
Guión: Luke Davies, Felix van Groeningen
Con: Steve Carell, Timothée Chalamet, Amy Ryan, Maura Tierney, Christian Convery, Oakley Bull.
Drama. Biopic.


Los dos protagonistas de Beautiful Boy buscan a Nic Sheff sin mucho éxito. David (Steve Carell), su padre, intenta rescatarlo de su adicción a las drogas para recuperar al hermoso chico que era antes. Y el joven Nic (Timothée Chalamet) quiere encontrar un pedazo de sí mismo que no aún entiende: felicidad, gozo, un propósito, romper las expectativas asfixiantes de su familia… quién sabe; lo único que lo satisface son las drogas. 

En cierta forma, la película entera también parece una búsqueda: los flashbacks y flashforwards algo desordenados (reminiscentes a lo que consiguió --con más éxito, en mi opinión-- Alejandro G. Iñárritu en 21 Gramos) cortan libremente a la emoción. No hay una lógica racional, sino emocional. La estructura no se interesa en brindar explicaciones a la adicción de Nic, porque, muy probablemente no las hay. Ésa es una de las tragedias de Beautiful Boy: lo importante es el tortuoso camino de ambos personajes para darse cuenta de que todos sus intentos quizás no sirven de nada.



He señalado anteriormente cómo las historias de adicción son, por naturaleza, repetitivas. Aquí, la propuesta narrativa del director y guionista Felix van Groeningen logra mantener cierta impredictibilidad la mayor parte del tiempo, aunque creo que la película es 10 ó 15 minutos demasiado larga. He leído que su acercamiento no lineal ha causado confusión en algunos espectadores, que consideran el material un tanto frío y distante. A mi parecer, el resultado es una transparencia de las asociaciones mentales y sentimentales de sus personajes, sin necesidad de caer en melodrama (aunque el soundtrack sí llega a ser un tanto exagerado, a pesar de su gloriosa selección musical).

El reparto está comprometido a esta misma honestidad emocional. Steve Carell balancea con delicadeza la calidez y desesperación paternal en David. Es una dolorosa interpretación internalizada, que nos deja ver sus ilusiones desplomarse poco a poco. Amy Ryan tiene un tiempo en pantalla muy limitado (algún día le daremos el respeto que merece), pero es emotiva en el papel de la madre de Nic. Maura Tierney está fantástica como la segunda esposa de David, que ama al otro hijo de su marido pero no va a permitir que su mal ejemplo afecte al resto de su familia (Christian Convery y Oakley Bull dan dos de las interpretaciones infantiles más naturales que he visto).




Sin embargo, la película funciona principalmente por Timothée Chalamet. Como ya demostró en Call Me By Your Name, es un actor que parece habitar las emociones. Nunca lo vemos actuando, sino viviendo. Su Nic Sheff duele tanto porque Chalamet nos muestra con igual convicción su sensibilidad y su ansiedad, su carisma y su ira, lo que pudo haber sido y lo que tristemente es. Las escenas con él y Carell son los puntos más altos de la película porque encapsulan el dolor de esta historia: dos personas que buscan un momento ya perdido, que sólo encuentran los restos de lo que alguna vez fueron, y aprenden que no tienen el poder para ayudarse a regresar. 

Beautiful Boy podrá ser un filme poco convencional pero es imposible ignorar el impacto que deja, incluso días después de que sus créditos terminen (y por favor quédense los créditos completos para escuchar una excelente declamación de Bukowski). Ya dénle un Oscar a Chalamet antes de que algo molesto como Gary Oldman pase.




viernes, 2 de febrero de 2018

Call Me By Your Name

★★★★


Llámame por tu nombre
USA: 2017, 132 min.
Clasificación: B15
Director: Luca Guadagnino
Guión: James Ivory
Con: Timothée Chalamet, Armie Hammer, Michael Stuhlbarg, Amira Casar, Esther Garrel.
Romance. Drama.



El director Luca Guadagnino (Io sono l’amore, A Bigger Splash) tiene la magnífica capacidad de evocar deseo a través de imágenes y sonidos. En Call Me By Your Name realiza una representación casi perfecta de cómo se siente descubrir el amor y la sexualidad por primera vez: confuso, inesperado, emocionante, agobiante, intenso… 

James Ivory (vean A Room With a View antes que la quiten de Netflix), el veterano director, escribió esta adaptación de la novela homónima de André Aciman (con algunos cambios que mejoran ampliamente la historia). Retrata un verano en el campo italiano, a principios de los ochenta, y sigue a Elio Perlman (Timothée Chalamet), un joven de 17 años que mata el tiempo leyendo, transcribiendo música, nadando, o ligando con su amiga Marcia (Esther Garrel). Su padre (Michael Stuhlbarg, encantador) es un profesor especialista en cultura greco-romana y todos los veranos invita a un alumno a su villa para ayudarlo en sus investigaciones. Este año, el elegido es Oliver (Armie Hammer), un americano que casi parece una estrella de cine.


Rodeados por el calor y la naturaleza de Italia (seductoramente capturados por el fotógrafo Sayombhu Mukdeeprom), en medio de salidas en bicicleta, caminatas, desayunos, y chapuzones en el río, Elio y Oliver comienzan a descubrir que la aparente hostilidad y los destellos de dulzura que comparten son señales de que, tal vez, hay algo más pasando entre los dos. La película discurre casi como las vacaciones de verano: perezosa, tranquila, sin prisa. La estructura en viñetas del guión permite que el acercamiento entre ambos personajes sea orgánico y complejo: en ningún momento hay “amor a primera vista” o un “momento mágico”. Ninguno termina de comprender qué es realmente lo que siente porque es nuevo; su duda y el anhelo son palpables.

El foco principal está en Elio, en su experiencia de autoconocimiento y su lento descubrir a Oliver. Timothée Chalamet es una revelación: carismático, inteligente, conmovedor, e inocente; interpreta cada momento con naturalidad y sin esfuerzo. (Su escena final es oro). Amo la forma en que representa físicamente el estado de hiper-autoconciencia que siente cada vez que está cerca de Oliver: a veces demasiado envalentonado, otras, casi avergonzado de su cuerpo. Armie Hammer (escultural, --yo también me cohibiría si tuviera que estar parado junto a él--) derrocha actitud, y comparte gran química con Chalamet. A pesar de sus diferencias de edad, hacen que el romance funcione hermosamente.


De hecho, las interacciones de todo el reparto se sienten genuinamente humanas. No hay una nota falsa en ellas. Michael Stuhlbarg, como el Sr. Perlman, merecía todas las nominaciones a Actor Secundario (los odio, Oscars): es una fuente de empatía, entendimiento y calidez adorable. Los reto a no llorar en una conversación que mantiene con su hijo (a mi gusto, la mejor escena de una película estrenada en 2017 -que he visto hasta ahora-). Amira Casar es una de las mamás más cool que han retratado en una película; culta, brillante y cariñosa. Y ojalá escuchemos más de la francesa Esther Garrel, que, como el otro interés amoroso de Elio, eleva su papel secundario.

Todos los actores prestan increíble atención a los detalles, las miradas, las posturas, las pausas, las distancias. Y Guadagnino usa todos estos micromomentos para expresar clara y fuertemente el estado emocional de Elio. No hay necesidad de voz en off (Ivory en un principio había escrito algo de narración que el director sabiamente eliminó); sólo hay que tener paciencia para acompañar a Elio en su aprendizaje sobre el deseo y el primer amor. Junto con él, Call Me By Your Name se va descubriendo poco a poco, hasta enamorarnos perdidamente.