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lunes, 11 de febrero de 2019

Green Book

★★½

Green Book: una amistad sin fronteras
USA: 2018, 130 min.
Director: Peter Farrelly
Guión: Nick Vallelonga, Brian Hayes Currie, Peter Farrelly
Con: Viggo Mortensen, Mahershala Ali, Linda Cardellini, Dimiter D. Marinov, Mike Hatton.
Biopic. Comedia.


Green Book es un ejemplo de cómo las buenas intenciones no necesariamente hacen buenas películas. Seguro, es entretenida. Claro, su mensaje es positivo. Sí, Viggo Mortensen y Mahershala Ali comparten una gran química. ¿Y qué? Aunque cumple increíblemente bien con su agenda poco ambiciosa, también es una propuesta increíblemente segura, tradicional (parece producida en los 80s), simple, visualmente genérica, sin ideas nuevas o propuestas narrativas. 

Es una especie de Driving Miss Daisy al revés: Tony Lip (Mortensen), un italo-americano racista y agresivo, se vuelve chofer de un culto pianista afroamericano, el Dr. Shirley (Ali), para su gira en el sur (increíblemente racista) de Estados Unidos. En el camino aprenderán a entenderse y superar sus respectivos prejuicios hacia la gente de color. Y naturalmente se harán amigos.


Lo que más me llamó la atención en Green Book es su absoluta falta de sutileza. Todo debía ser notorio. Transparente. Explícito. Vaya, incluso hay un momento en el que un personaje sale a la lluvia únicamente para dar su monólogo triste (y ya luego vuelve a meterse). Es la primera película “seria” de Peter Farrelly y es claro que el director no tiene la seguridad de trabajar con subtexto.

Es una tristeza para los actores, en especial para Mahershala Ali (la única nominación al Oscar que yo le daría al filme), cuya sutileza e internalización se ven agredidas por escenas demasiado obvias. Viggo Mortensen se beneficia más de este enfoque superficial, pues su papel es ridículamente ignorante (estilo Una pareja de idiotas, también de Farrelly), aunque lamentablemente al final parece más una broma que un humano.


Lo que salva a la película son estos dos intérpretes (y Linda Cardellini, desaprovechada en el tradicional papel de esposa soporte) que se rehúsan a ceder ante el guión manipulador, que elevan sus escenas tan obvias con honestidad y carisma, y que disfrutan de los chistes aunque estén anunciados mucho antes de llegar al punchline. 

Pero, bueno, la mayor parte de la sala de cine estaba muerta de risa. E incluso escuché a una señora salir diciendo “estuvo bien bonita, ¿no?”. Ahora que lo pienso, quizás el tema es que Green Book está dirigida a los Tonys del mundo: gente que requiere un contundente golpe en la cara para entender (o recordar) que el racismo es malo. Lo triste es que no haya sido escrita por un equipo de Don Shirleys. Esa hubiera sido una película más interesante, no solamente “bonita”.

¿El dos veces ganador al Oscar Mahershala Ali?


lunes, 7 de enero de 2019

Spider-man: Into the Spider-verse


★★★

Spider-man: un nuevo universo
USA: 2018, 117 min.
Clasificación: A
Dirección: Bob Persicheti, Peter Ramsay, Rodney Rodman
Guión: Phil Lord, Rodney Rodman
Con: Shameik Moore, Jake Johnson, Hailee Steinfeld, Mahershala Ali, Brian Tyree Henry, Lily Tomlin, John Mulaney, Kimiko Glenn, Nicolas Cage, Kathryn Hahn, Liev Schreiber.
Superhéroes. Acción. Aventura.



En este tiempo en el que las películas de superhéroes ya son parte normal (y cansada) de la oferta hollywoodense, Into the Spider-verse llega para distinguirse con estilo visual de sobra y un concepto muy original. Es otra historia de origen del Hombre Araña, pero una que honra las palabras de Stan Lee (a quien está dedicada la película) al recordarnos que todos podemos ser superhéroes.

Miles Morales (Shameik Moore, adorable) es un adolescente abrumado por su nueva escuela, así como las expectativas de su familia. Su único escape --motivo de enojo para su padre policía (Brian Tyree Henry)-- es diseñar graffiti. En una de sus huidas clandestinas, es picado por una araña y básicamente se vuelve el nuevo Spider-Man de su mundo... Excepto que el malvado Kingpin (Liev Schreiber) ha abierto un portal hacia otras dimensiones, lo que llena su universo con Spider-Men, Spider-Women, e incluso, un Spider-Pig; cada uno de ellos con una personalidad y estética únicas. 

De mis tomas favoritas del año

Es un incluyente y muy divertido elenco con héroes de todos los tamaños, etnias, géneros y especies (toma eso Black Panther). “Lo que te hace diferente es lo que te hace Spider-Man” dice en algún punto uno de los héroes, y es, al mismo tiempo, la fuerza de Into the Spider-verse. Ninguna otra película de superhéroes de esta década tiene una estética tan única como ésta. Combinando animación a 12 cuadros por segundo (en vez de los 24 que son estándares del cine), con efectos en 2D y 3D, y  hasta "errores de impresión", Spider-verse parece un cómic traído a la vida (con todo y cajas/nubes de pensamiento).

Su look es tan especial que eclipsa por completo todo lo demás. Aunque Miles es un protagonista encantador, su historia realmente no trasciende la fórmula de la comedia adolescente. Me hubiera gustado que los guionistas detallaran más el conflicto con sus contrastantes figuras de autoridad --su padre, su tío (Mahershala Ali, excelente), y un Spider-Man resignado (Jake Johnson)-- como parte integral de su búsqueda de identidad y su consumación como Hombre Araña. 


Into the Spiderverse es una película que brilla por su estilo y su elegante humor autoconsciente (toma eso Deadpool), no tanto por su historia. De cualquier forma, es una experiencia inmensamente agradable y divertida, diseñada con mucha inteligencia para nuestros días. A mi gusto es la mejor película de Spider-Man hasta ahora… aunque, honestamente, no era un logro muy difícil.


P.D. Me indigna que "Sunflower" no haya pasado la preselección para el Oscar a Mejor Canción, porque su uso en la película es parte de lo que hace a Miles tan adorable.


miércoles, 5 de diciembre de 2018

Widows


★★★½

Viudas
USA: 2018, 128 min.
Clasificación: B15
Director: Steve McQueen
Guión: Steve McQueen, Gyllian Flynn
Con: Viola Davis, Elizabeth Debicki, Michelle Rodríguez, Brian Tyree Henry, Colin Farrell, Cynthia Erivo, Liam Neeson, Daniel Kaluuya, Robert Duvall, Carrie Coon, Jacki Weaver.
Thriller. Crimen. Drama.



Antes que nada, Widows es una película de Steve McQueen (Shame, 12 Years a Slave): enojada, observadora, trágica, y socialmente consciente. Al mismo tiempo es un thriller, específicamente un heist film (de atraco/robo). El marketing de la película ha posicionado lo segundo, y varias críticas se refieren a los elementos mcqueenescos como un “extra” o una “fusión de géneros”. Creo que estas observaciones son fatales: McQueen es un artista con una visión y estilo muy particulares, a través de los cuales aborda Widows orgánicamente. 

Los que que esperaban Ocean’s 8 parte II, fueron engañados (en mi función, una familia con una niña pequeña se salió de la sala del cine a los 10 minutos). Esta es también una historia sobre un grupo de mujeres con un plan meticuloso para apoderarse de mucho dinero. La diferencia es que aquí no hay glamour. Chris Nolan reflexionaba, escribiendo Inception, que los heist films son superficiales por naturaleza; puro espectáculo y poca emoción. McQueen --adaptando la mini-serie de Lynda la Plante-- encuentra una forma de imprimir drama, sin perder el entretenimiento: estas viudas no roban por el placer o la emoción, sino para superar las injustas repercusiones del “trabajo” de sus maridos.

Queen of acting

Veronica Rawlings (Viola Davis, fría, herida, y sublime) recibe amenazas del criminal Jamal Manning (Brian Tyree Henry) para recuperar el dinero que le robó su marido (Liam Neeson, en un gran trabajo). Manning quiere financiar su campaña política contra Jack Mulligan (Colin Farrell) para representar a un distrito pobre de Chicago. El director enfatiza la ironía de esta lucha: Jamal parece culpable de la miseria en la zona --con los matones liderados por su hermano (Daniel Kaluuya, aterrador)--, mientras que Mulligan vive en una burbuja de privilegios. Ambos quieren poder; no ayudar a la gente. 

Mientras, Linda (Michelle Rodriguez, en su mejor actuación de la vida) perdió su tienda de ropa por culpa de las apuestas de su esposo, y no tiene cómo mantener a sus hijos. Otra viuda, Alicia (Elizabeth Debicki, magnífica) es empujada por su abusiva madre (Jacki Weaver) a trabajar como escort para recuperar el estilo de vida al que estaba acostumbrada. No es de sorprenderse que este grupo de mujeres se una para salir adelante. “Quiero que mis hijos sepan que no me quedé sentada sin hacer nada. Al menos hice la lucha.” dice Linda.


La película da muchas vueltas y guarda varias sorpresas, como todo buen thriller . Quizás la historia es demasiado enredada, pero el guión siempre es claro. El MVP --como siempre-- es el editor Joe Walker (Arrival, Blade Runner 2049), que encuentra contrastes, tensión y momentum en la historia, sin sacrificar las escenas más personales. Por fortuna, la película tiene un ensamble impresionante: aunque Viola Davis es la protagonista (y está increíble, como siempre), la fuerza de la interpretación coral es aún más potente que sus componentes individuales. Quiero destacar mucho a Debicki, que explota al máximo su breve arco; a Kaluuya, que crea uno de los villanos más formidables de los últimos años; y a la encantadora (e incomparablemente atlética) Cynthia Erivo en el papel de Belle, una mujer afroamericana que combina mil trabajos para criar a su hija.

Más que nada, el mérito es del director y guionista Steve McQueen. La opinión popular de que está “agregando profundidad” al heist film me parece dañina: implica pensar en un género vacío y formulaico. En vez de mezclarse con el thriller, creo que el cineasta está trabajando dentro de él para hacer algo muy personal que aborda sus temas recurrentes (injusticia, desigualdad, sexismo). 

En serio qué miedo

Quizás estoy sesgado; muchas de mis películas favoritas podrían ajustarse a esta descripción (No Country for Old Men, North by Northwest, Drive, Sicario). Pero insisto que los thrillers, aunque son entretenidos por naturaleza, no necesariamente deben ser convencionales o planos. No importa que haya seis misiones imposibles, ocho rápidos & furiosos, veinticuatro james bonds… hay que intentar mirar más allá; probar acercamientos diferentes. Por eso admiro a Steve McQueen: sigue usando su visión y estilo para agudizar cualquier historia que se encuentra.


martes, 4 de diciembre de 2018

Un Asunto de Familia


★★★★

Shoplifters (Manbiki kazoku)
Japón: 2018, 121 min.
Clasificación: B15
Dirección y Guión: Hirokazu Kore-eda
Con: Lily Franky, Sakura Ando, Kirin Kiki, Mayu Matsuoka, Jyo Kairi, Miyu Sasaki.
Drama. Extranjera.


Ganadora de la Palma en Oro en Cannes, Shoplifters es una invitación a reflexionar sobre qué es lo que hace a una familia. Es una película que nos enseña a observar a sus personajes y nos lleva a empatizar con sus logros y problemas. No emite juicios, únicamente arroja preguntas, pero, en el camino, nos encariña con un grupo de cínicos criminales que también son bienintencionados y cariñosos. 

¿Se puede juzgar a nuestra familia? ¿Deberíamos hacerlo? ¿Podemos escogerla? ¿Abandonarla? ¿Herirla?  ¿Somos quienes nos enseñaron a ser, o permanecemos fieles a nosotros a pesar de su ejemplo? ¿Existen el bien y el mal en sus actos, o únicamente amor? Estos son algunos de los cuestionamientos que plantea el inteligente guión de Kore-eda, que va exponiendo poco a poco sus temas y revelaciones. Es mejor ver Shoplifters sin conocer mucho de la trama, para dejarse sorprender por cómo se desenvuelve. Basta saber que trata sobre una familia muy pobre que acoge a una niña maltratada y le enseña el arte de asaltar tiendas para subsistir.

Denle un Oscar a esta mujer

La película fluye con gracia y mantiene nuestro interés hasta el final, tanto en el humor como en la desdicha. Gran parte del éxito se debe a las magníficas interpretaciones del talentoso reparto. Lily Franky, como el padre de familia, es a la vez sabio e infantil, pero sobre todo, vulnerable. Sakura Ando balancea milagrosamente cinismo y calidez en el papel de la madre --es mi actuación favorita, y quien más conmovió mi corazón--. Los dos niños, Miyu Sasaki y especialmente Jyo Kairi, tienen un carisma natural e inigualable que se gana nuestro afecto desde el principio. Y Kirin Kiki es todo lo que imaginan de una severa pero dulce abuela japonesa.

Pocas películas logran ser tan honestas, transparentes y emotivas como esta. Nada parece construido para una ficción. Quizás la trama de la hermana (Mayu Matsuoka) no cierra tan limpiamente como las demás, pero incluso a ella se la aborda con respeto y detalle. De una forma casi milagrosa, Kore-eda ha capturado la vida familiar en dos horas de película, con todos sus problemas, su complejidad y su amor. No se la pierdan.




POR CIERTO: la traducción más cercana al español de Manbiki kazoku es “Robo en familia” (Family Shoplifting), que, en mi opinión, habría sido un mejor título.


Guerra Fría


★★★ ½

Zima wojna
Polonia: 2018, 88 min.
Clasificación: B15
Director: Pawel Pawlikowski
Guión: Pawel Pawlikowski, Janusz Glowacki
Con: Joanna Kulig, Tomasz Kot, Agata Kulesza, Borys Szyc
Drama. Romance. Extranjera.




Guerra Fría es el romance más gélido que he visto una película. Es como ver un álbum de fotos viejas que rescata sólo algunas de las miradas, espacios y tragedias de dos enamorados a quienes nunca conocimos. A veces lo que no está pantalla parece hasta más importante que lo que sí vemos, sin embargo, el poder de las imágenes y la intensidad de sus protagonistas nos invitan a llenar los años en blanco y crear una épica gigante a través de estas viñetas tan privadas. El resultado es a la vez impersonal e íntimo; vago y específico; pasional y frío. Recuerdos ya muertos de gente que alguna vez desbordó vida. No sé si me gusta, aunque no había otra forma de contar esta historia. 

Ambientada en Polonia (y luego Berlín, Yugoslavia y París) después de la Segunda Guerra Mundial, el filme sigue al músico Wiktor (Tomasz Kot, excelente) y la cantante Zula (Joanna Kulig, una estrella) por veinte años, en medio del ascenso del comunismo y otros cambios sociopolíticos. Se conocen primero en un show que lleva la música polaca del campo a ciudades importantes. Luego, se reencuentran en París después de que él se exilia y ella continúa su carrera artística. Constantemente se separan, sólo para volver a juntarse algunos años más tarde, a veces para hacerse bien y otras no tanto. 



El guionista y director Pawel Pawlikowski está más interesado en evocar una época que en narrar: su diseño es excelente, sus composiciones son precisas, y el contrastado blanco y negro de su fotógrafo Lukasz Zal es glorioso. El estilo es igual de alienante que el que usó en Ida (aún se me hace sobrevalorada, perdón) pero en esta ocasión se siente coherente a la historia. Y el control que demuestra sobre cada segundo es innegable. Por esta película ganó el premio a dirección en Cannes y es difícil argumentar en su contra.

Todavía más aplausos se merece, en mi opinión, Joanna Kulig: llena de vitalidad, energía y rebelión; ya sea cantando (qué voz tan preciosa), bailando, feliz, molesta, ebria, o enamorada; sus escenas son las que iluminan el filme. De ahí en fuera, sólo los momentos musicales le dan cierta vida al asunto. Por diseño, el resto de la película es fría y distante, como el mundo de sus personajes. No hay amor que pueda nacer y sobrevivir en este contexto. Intelectualmente el ejercicio es impresionante, pero quizás el resultado sea demasiado trágico para mi gusto. O quizás sea admirable. Creo que me inclino más por lo segundo.




lunes, 12 de noviembre de 2018

First Man


★★★ 

El primer hombre en la luna
USA. 2018. 141 min.
Clasificación: B
Director: Damien Chazelle
Guión: Josh Singer
Con: Ryan Gosling, Claire Foy, Kyle Chandler, Jason Clarke, Corey Stoll, Ciarán Hinds.
Biografía. Drama.


First Man, al igual que las películas pasadas del director Damien Chazelle (La La Land, Whiplash), se trata de un hombre obsesionado por lograr sus ambiciones. En este caso, el protagonista es Neil Armstrong, ingeniero aeronáutico y piloto, mejor conocido como el primer hombre en pisar la luna. El filme se enfoca en los programas de la NASA que lo llevaron al espacio, así como los riesgos y sacrificios que implicaron. 

Después de una tragedia familiar y una misión algo desastrosa en un X-15, Armstrong (Ryan Gosling, en el mejor deadpan desde Kristen Stewart) se muda a Houston para trabajar en la NASA. Juno con su equipo (Kyle Chandler, Ciarán Hinds, Corey Stoll y muchos otros actores que nunca alcanzamos a distinguir claramente) se vuelca totalmente en la encomienda de llegar a la luna, abandonando en el proceso a su familia. Su esposa Janet (Claire Foy, magnífica) cuida de sus hijos con gracia y cariño, mientras espera nerviosamente a que regrese con vida cada vez debe tripular una nave.



Para bien o para mal, First Man parece un libro de texto hecho película. Es meticulosa con el detalle y cubre todos los puntos importantes --contexto histórico, misiones espaciales, dramas familiares-- con gran realismo. No quiere enaltecer nada. De hecho, su punto es mostrar lo peligroso que fue todo. El guionista Josh Singer ya ha demostrado su habilidad investigadora en dramas periodísticos (Spotlight, The Post), no obstante, creo que su enfoque metódico resulta demasiado distante aquí. La narrativa es un mero cronograma. Lo que se retrata es puramente histórico, nunca emocional. 

Esto tiene sentido de acuerdo al retraído personaje de Neil Armstrong, en el que se centra la perspectiva del filme. El hombre era poco expresivo, casi robótico. Singer intenta iluminar su estado emocional, pero lo hace a través de flashbacks que se sienten algo forzados y demasiado obvios. Quizás hubiera sido mejor dejar el misterio interior de Armstrong completamente oscuro. Tampoco puedo evitar pensar que los cineastas debieron ampliar su enfoque y profundizar algunas tangentes de la historia (las protestas contra los programas espaciales, la vida doméstica de las familias de astronautas) para encontrar su corazón algo ausente. Armstrong claramente estaba obsesionado, pero, a diferencia de los otros personajes de Chazelle, su búsqueda no demuestra pasión. 



Por fortuna, las secuencias espaciales son increíbles. Los sets hiperrealistas de Nathan Crowley son fríos y claustrofóbicos. El tenso diseño sonoro, las incesantes sacudidas de cámara, y el montaje veloz crean una cacofonía de ruidos e imágenes que genuinamente angustian. Sin embargo, el estilo documental de Chazelle a veces resulta excesivo y distrae en las escenas sobre la Tierra. Además, la cámara en mano (con tomas irregularmente enfocadas) de Linus Sandgren puede confundir en ocasiones. A pesar de su gran capacidad para generar atmósfera, la película tiene algunas dificultades para mantener claridad dentro del caos (al contrario de películas recientes como Dunkirk, Mad Max: Fury Road o las filmografías de Paul Greengrass y Kathryn Bigelow, por ejemplo).

A pesar de la calidad técnica en las escenas espaciales (el clímax lunar es una belleza), los momentos más vivos de la película involucran a Jan Armstrong. Con su escaso tiempo en pantalla, Claire Foy crea un personaje lleno de vida interior, preocupaciones, y cariño. Ella saca lo mejor de su marido, y es quien nos hace desear su triunfo. De ahí en fuera, sólo la música del invaluable Justin Hurwitz (genio detrás del score de La La Land) parece tener alma. El resto de la película quizás es demasiado similar a Armstrong para su propio bien: calculadora, distante, sin compartir sus verdaderas emociones, pero, a fin de cuentas, sorprendente.

Her Majesty


sábado, 27 de octubre de 2018

Museo


★★★ ½

México: 2018, 119 min.
Clasificación: B15
Director: Alonso Ruizpalacios
Guión: Alonso Ruizpalacios, Manuel Alcalá
Con: Gael García Bernal, Leonardo Ortizgris, Alfredo Castro, Bernardo Velasco, Simon Rusell Beale.
Cine de Autor. Drama. Intriga. Road Movie.





Juan Nuñez --como los protagonistas de Güeros (2015), la otra película del mexicano Alonso Ruizpalacios-- vaga por una vida a la que no le encuentra sentido. Lleva años sin titularse como veterinario. No tiene empleo. Sus hermanas ya tienen familia y viven fuera de casa. Incluso su tío bueno-para-nada se consiguió una novia joven y guapa. Y, la verdad, Juan (a diferencia de los protagonistas de Güeros) está harto de esperar a que un cambio suceda. Entonces decide hacer una hazaña extraordinaria: robar el Museo de Antropología, donde trabajó ese verano. 

Lo que hace de Museo tan interesante es el misterioso personaje de Juan. Al contar la historia desde  la perspectiva de su mejor amigo Benjamín Wilson (Leonardo Ortizgris, sensible y encantador) la película mantiene una distancia suficiente para darnos cuenta de la clave de su protagonista: Juan ha renunciado a sí mismo. 



Incluso cuando su amigo o su familia lo apoyan e intentan animarlo (a su manera) Juan es el único que no tiene fe en quien es. Su robo al museo es un intento patético y desesperado de... ¿qué? ¿De probarse lo que vale? ¿De hacerse rico? ¿De rebelarse contra las expectativas de la sociedad? Wilson no comprende sus motivos, pero se vuelve su cómplice de todos modos. De hecho, ni el mismo Juan parece entender, pero su determinación es inamovible.

Más allá de las caóticamente divertidas escenas de convivencia familiar o de los tensas secuencias en Antropología, en el fondo, Museo es la tragedia de un hombre que no puede hacer nada para dejar de considerarse patético. La trama avanza más allá del robo gracias a las ambiciosas (aunque claramente desesperanzadas) decisiones de Juan para mostrarse mejor de lo que se siente. No obstante, si no encuentra propósito a su vida, ¿qué tan lejos podrá llegar? 




En esta ocasión, el director Ruizpalacios diluye mucho el estilo pretencioso que usó en Güeros, y obtiene un mucho mejor resultado. Aún es capaz de conjurar imágenes y sonidos frescos, inesperados y dinámicos (con gran ayuda de su director de fotografía Damián García, el compositor Tomás Barreiro, y el equipo de sonido supervisado por Javier Umpierrez) pero el efecto aporta a la historia y realza el estado emocional de sus personajes. Desde el ominoso prólogo capta nuestra atención y, a pesar de algunas tangentes extrañas, la mantiene toda la película.

Con Museo, Ruizpalacios y su co-guionista Miguel Alcalá ganaron el premio al Mejor Guión en el Festival de Berlín. La historia está basada en un hecho real ocurrido en 1985. Qué tan verídica sea respecto al personaje Juan Nuñez, eso no sabría decirlo, pero, contada de esta forma, resulta bastante entretenida y extrañamente triste.  





lunes, 15 de octubre de 2018

A Star is Born


★★★ ½

Nace una estrella
USA: 2018, 135 min.
Clasificación: B15
Director: Bradley Cooper
Guión: Bradley Cooper, Eric Roth, Will Fetters,
Con: Bradley Cooper, Lady Gaga, Sam Elliott, Anthony Ramos, Rafi Gavron, Dave Chappelle, Andrew Dice Clay.
Drama. Musical. Romance.




Realmente son dos estrellas las que nacen con este nuevo remake de A Star Is Born: el director / cantante Bradley Cooper y la actriz Lady Gaga. Los rumores son ciertos: él se escucha como una estrella country; ella actúa como una estrella de Hollywood. Parte del gozo meta narrativo de esta película es que disfrutamos el riesgo y el atrevimiento de nuestros intérpretes, al tiempo que queremos a sus personajes por hacer lo mismo.

El continuo éxito de la historia de A Star Is Born, me parece, se basa en su forma de retratar el amor. Primero, como un ideal: dos personas que se admiran y complementan, y aprenden a amarse a través de su arte. Segundo, como una tragedia: a pesar de su amor no pueden controlar sus peores impulsos, aunque en ningún momento dejan de desearse bien. Creo que cualquiera puede identificarse con al menos una de estas dos expresiones. (Además, a todo esto se suma nuestra fascinación por la fama, resultando en una fórmula ganadora.)


Bradley Cooper en La La Land.
Jackson Maine (Bradley Cooper) es un cantante alcohólico en continua picada. Se está quedando sin oído y depende de los cuidados su hermano (Sam Elliott, brillante en pocas escenas), quien también es su manager. Ally (Lady Gaga) es una gran cantante que no ha tenido suerte sólo por su aspecto físico. Trabaja en una cocina de día y por las noches interpreta covers en vivo en un bar de drags (las dragas hacen todo más gracioso, lo juro).

Inevitablemente se conocen una noche. Él queda fascinado con su talento. Caminan y platican. Se conocen. Ella le muestra una de sus composiciones. Él la invita a un concierto donde la anima a cantar para su público. Pronto empiezan a enamorarse y a cantar juntos en más shows… pero él es un adicto y ella está en pleno camino hacia la gloria. ¿Qué tan lejos podrán llegar antes que todo se derrumbe?

La primera mitad de la película --donde se muestra el ascenso de Ally-- es la mejor. Es hermoso ver a ambos personajes descubrirse mutuamente a través de la música y llevándose a vivir momentos que no imaginaban. La química de los protagonistas es crucial y tanto Cooper como Gaga nos venden el romance. 





Él está brillante: aunque su papel no tiene una caracterización extensa, balancea perfectamente lo horrible de su adicción con su carisma natural. La bondad de Jackson sobresale aún en sus peores momentos, haciendo fácil entender por qué ella querría permanecer a su lado. Lady Gaga interpreta a Ally como una chica normal y bondadosa, con varias inseguridades pero sin ser una ingenua. La escena en la que canta <<Shallow>> (Oscar a Mejor Canción garantizado) es una maravilla: en su rostro se refleja todo el conflicto de sus emociones, hasta que, poco a poco, vemos el nacimiento de una estrella sobre ese escenario.

Si hay un problema con la película, está en su segunda parte. Quizás está demasiado enfocada en Jackson. Las historias de adicción se me hacen limitadas por su naturaleza recursiva y reiterativa. Aunque el guión hace lo que puede por avanzar la historia, se estanca cuando descuida la perspectiva de Ally. Se abandona temas relevantes a su arco desde el principio: el peso de la fama, la incomodidad con los fans, la honestidad de su música. Además, Cooper parece insistir que ella le debe todo a él --reflejado en la súbita transición de Ally en una artista pop superficial (una cosa es el look de diva, otra es la composición de su música), a quien él debe “rescatar” escribiéndole una canción y con ciertos sacrificios--. La última hora de la película parece limitada al alcohol y la codependencia amorosa, cuando era mucho más que eso al principio.




No obstante, incluso en sus momentos más débiles, el excelente soundtrack es lo que sostiene y une la experiencia. La evolución de los géneros musicales y la instrumentación de las canciones acompaña perfectamente la evolución de sus protagonistas. Folk con una guitarra, Country rock, Pop básico, Baladas con orquesta… todas tienen un sentido (si tan sólo hubieran recurrido al potente recurso musical del reprise hacia el final, el camino hubiera sido perfecto). Incluso el diseño sonoro cambia: la claridad y limpieza de las voces van aumentando entre “más producidos” están sus artistas.

La verdad, qué gusto es oír a Gaga cantar. La mayoría podrá estar sorprendido de cómo logró alejarse de su extravagancia para actuar, pero a mí me impresionó su versatilidad como intérprete vocal. Su voz es lo que más sobresale de A Star Is Born y Cooper, el director, nos deja disfrutar de ella. Menos notoria, pero igual de maravillosa, es la fotografía de Matthew Libatique, cuya cámara en mano, uso del color, e iluminación con reflectores dan mucha energía, sin quitarle protagonismo a nadie.




Como su brillante campaña publicitaria nos recuerda, esta historia sobre dos artistas que creyeron en el otro y encontraron amor en el arte es más que la trama de esta película; también se trata de Lady Gaga y Bradley Cooper. Tal vez ese sea el encanto más grande de A Star Is Born: en cierta forma, su detrás de cámaras refleja una versión de lo que vimos en pantalla. Y, definitivamente, ambos artistas nos mostraron algo muy bonito. 





Por cierto, mi Top 5 del Soundtrack
1. Is that
Alright?

2. Shallow
3. Always Remember Us This Way
4. Maybe It's Time
5. La Vie en Rose

lunes, 25 de junio de 2018

Los Increíbles 2


★★ ½

The Incredibles 2

USA: 2018, 118 min.

Clasificación: A
Director: Brad Bird
Guión: Brad Bird.
Acción. Aventura. Superhéroes.




Si había una película de Pixar que siempre ameritó una secuela era Los Increíbles: los superhéroes, su universo retro-futurista, la familia Parr… todos nos quedamos ganas de más. Aunque Toy Story 2 y 3 funcionaron perfectamente bien; las dos de Cars, Monsters U, y Buscando a Dory, dejaron mucho que desear. Ahora, 14 años después, llega Los Increíbles 2, rodeada de nostalgia, el mismo equipo encabezado por Brad Bird, y animación de la más alta calidad. El resultado es muy divertido pero, tristemente, no es increíble. 



Era imposible (en especial en esta década dominada por Marvel) mantener la sorpresa y frescura de la primera, sin embargo, no puedo evitar decepcionarme porque esta secuela falla en llegar a los niveles de empatía, perspicacia, y emocionalidad de la original. La historia, continuación inmediata de la primera parte, sigue a Elastigirl en su nuevo trabajo como defensora de la legalidad de los superhéroes, mientras que Bob se queda en casa a cuidar a sus hijos. La inversión de roles tradicionales es interesante, pero, me parece, se trata de una forma un tanto limitada: el guión inicia una especie de rivalidad entre Increíble y Elastigirl (misoginia interiorizada detectada), y la dinámica de papá-de-casa se trata como chiste algo anticuado, en vez de como una oportunidad de catarsis sentimental. Además, separar a la familia Parr por tanto tiempo rompe la química familiar que es fundamental en la franquicia.





Tristemente, Los Increíbles 2 no se preocupa en evolucionar a sus personajes en el aspecto emocional o personal, así como lo hizo e lo técnico. Seguro, el director/guionista Brad Bird hizo un filme entretenido con el que es fácil reírse. Los reto a no disfrutar dos horas de reencuentro con los Increíbles. Pero, lo le que faltó, fue reforzar el lazo emocional que tenemos con ellos; seguir creciendo y aprendiendo junto con ellos. Los Increíbles 2 se conforma con ser un ejercicio de nostalgia, que siempre es bien recibida, aunque, creo, los Parr merecían más.



Realmente, esta secuela es un pretexto para gozar de más acción, más diversión, más risas, y más aventuras con algunos de nuestros personajes favoritos. Y en todo esto, triunfa inigualablemente. 14 años de avances tecnológicos han vuelto a los Supers una gloria visual (¡el hielo de Frozono! ¡Elastigirl atravesando toda la ciudad!), y sus peleas ahora son más complejas, grandes, y caóticas. Además, los equipos de diseño y arte hicieron un trabajo maravilloso en expandir el universo. No obstante, el amo y señor de la película es Jack Jack, quien protagoniza las mejores escenas (feat. Edna Moda) y combates (feat. el animal Disney de la década).


lunes, 14 de mayo de 2018

Isle of Dogs

★★★ ½

Isla de Perros
USA: 2017, 101 min.
Clasificación: A
Director: Wes Anderson
Guión: Wes Anderson.
Historia: Roman Coppola, Jason Schwartzman, Kunichi Nomura, Wes Anderson.
Con: Bryan Cranston, Koyu Rankin, Kunichi Nomura, Ed Norton, Bill Murray, Bob Balaban, Jeff Goldblum, Liev Schreiber, Scarlett Johansson, Frances McDormand, Greta Gerwig.
Comedia. Aventura. Animación.


Wes Anderson y la animación stop-motion son el uno para el otro. A través de este medio, el obsesivo director tiene la libertad de crear literalmente cada elemento tal y como lo imagina. El resultado es su película más estéticamente impresionante hasta ahora: Isle of Dogs es un ejercicio en forma y estilo positivamente excesivos, que serían abrumadores en manos de alguien más, pero Anderson permea de entusiasmo y asombro (casi infantil) cada cuadro, manteniendo nuestro completo interés.

La historia es sencilla, pero --como es su costumbre-- el director la enreda empleando prólogos, saltos temporales y paréntesis narrativos. En el futuro cercano, la ciudad de Megasaki, Japón, es una distopía controlada por un corrupto Mayor (Kunichi Nomura), quien atemoriza a su gente cuando una epidemia ataca a todos los perros. Como resultado, exilia a estos animales a una isla cubierta de basura, donde planea exterminarlos para siempre. Su pupilo, Atari Kobayashi (Koyu Rankin), escapa para salvar a su guardián, Spots (Liev Schreiber), y en el camino, será ayudado por un excéntrico grupo de canes, liderados por Chief (Bryan Cranston). Mientras, en la ciudad, una alumna de intercambio (Greta Gerwig) investiga su teoría conspiracionista detrás de la epidemia.


El gusto de ver una película de Wes Anderson, más allá de la trama y el humor ácido, es admirarlo admirar su propio ingenio. Este es un hombre muy listo (a veces demasiado) que parece filmar sólo para divertirse a sí mismo. Es un niño jugando (con perritos y samurais en este caso), por eso su trabajo tiene reacciones muy divididas: hay quienes encuentran encantador presenciar cómo explora los límites de su imaginación; y hay quienes lo encuentran inmaduro y condescendiente. Yo en lo personal disfruto mucho de sus películas más recientes, los considero trabajos íntegros de construcción de universos, y ya no cuentos ligeramente pretenciosos sobre adultos inmaduros (como Rushmore o The Royal Tenenbaums).

Lo cierto es que Anderson no es un director que conecte con sus emociones y personajes de una forma cálida u orgánica (Moonrise Kingdom sigue siendo, a mi parecer, su mejor película, por ser la única en la que el corazón triunfa sobre el estilo). En Isle of Dogs, la relación principal niño-perro aún se siente algo apurada y obligada; y los chispazos románticos parecen innecesarios. Lo que sí logra consistentemente este director, es estimular nuestro intelecto. Aquí cada encuadre está tan lleno de detalles simpáticos, que en todo momento había alguien en la sala de cine emitiendo una risa sutil. Y, sobre todas las cosas, Anderson nos regala un nuevo festín visual y auditivo.


Los diseñadores de producción Paul Harrod y Adam Stockhausen (el último ganó el Oscar por Hotel Budapest) crean un universo rico, asombroso, y bellísimo, usando cultura japonesa y pilas de basura como inspiración. La decisión de construir sets, maquetas, modelos y efectos visuales con materiales reales --en vez de por computadora-- le da a la película una sensación táctil e hiperrealista (incluso cuando todo es fantástico). Los elementos japoneses funcionan bastante bien a nivel narrativo y visualmente Wes los aprovecha para rendir varios homenajes a Kurosawa y compañía. Los zooms, pans, y travellings de cámara andersionianos están aquí también, y su efecto cómico es tan simpático como siempre (al igual que los letreros y señales, con los que se da vuelo en esta ocasión porque #kanjis) . Y, sobre todo, la música de Alexandre Desplat, llena de tambores taiko y flautas, evoca a la perfección las grandes épicas niponas, al tiempo que dan urgencia y ritmo a la historia.

Creo que Isle of Dogs es la película más creativa de Wes Anderson hasta ahora. Es un trabajo de pura imaginación, y la animación le permite romper sus propios límites. En esta ocasión no es tan afectivo o empático, a pesar de sus claros comentarios políticos. (También creo que su resolución fue algo anticlimática). Aun así, es un trabajo que merece ser visto --y más de una vez, para disfrutar y encontrar todos los detalles--, merece ser querido, y debe ser apreciado para cualquier amante del cine. Ya estoy emocionado por su siguiente película, cualquiera que sea.


viernes, 2 de febrero de 2018

Call Me By Your Name

★★★★


Llámame por tu nombre
USA: 2017, 132 min.
Clasificación: B15
Director: Luca Guadagnino
Guión: James Ivory
Con: Timothée Chalamet, Armie Hammer, Michael Stuhlbarg, Amira Casar, Esther Garrel.
Romance. Drama.



El director Luca Guadagnino (Io sono l’amore, A Bigger Splash) tiene la magnífica capacidad de evocar deseo a través de imágenes y sonidos. En Call Me By Your Name realiza una representación casi perfecta de cómo se siente descubrir el amor y la sexualidad por primera vez: confuso, inesperado, emocionante, agobiante, intenso… 

James Ivory (vean A Room With a View antes que la quiten de Netflix), el veterano director, escribió esta adaptación de la novela homónima de André Aciman (con algunos cambios que mejoran ampliamente la historia). Retrata un verano en el campo italiano, a principios de los ochenta, y sigue a Elio Perlman (Timothée Chalamet), un joven de 17 años que mata el tiempo leyendo, transcribiendo música, nadando, o ligando con su amiga Marcia (Esther Garrel). Su padre (Michael Stuhlbarg, encantador) es un profesor especialista en cultura greco-romana y todos los veranos invita a un alumno a su villa para ayudarlo en sus investigaciones. Este año, el elegido es Oliver (Armie Hammer), un americano que casi parece una estrella de cine.


Rodeados por el calor y la naturaleza de Italia (seductoramente capturados por el fotógrafo Sayombhu Mukdeeprom), en medio de salidas en bicicleta, caminatas, desayunos, y chapuzones en el río, Elio y Oliver comienzan a descubrir que la aparente hostilidad y los destellos de dulzura que comparten son señales de que, tal vez, hay algo más pasando entre los dos. La película discurre casi como las vacaciones de verano: perezosa, tranquila, sin prisa. La estructura en viñetas del guión permite que el acercamiento entre ambos personajes sea orgánico y complejo: en ningún momento hay “amor a primera vista” o un “momento mágico”. Ninguno termina de comprender qué es realmente lo que siente porque es nuevo; su duda y el anhelo son palpables.

El foco principal está en Elio, en su experiencia de autoconocimiento y su lento descubrir a Oliver. Timothée Chalamet es una revelación: carismático, inteligente, conmovedor, e inocente; interpreta cada momento con naturalidad y sin esfuerzo. (Su escena final es oro). Amo la forma en que representa físicamente el estado de hiper-autoconciencia que siente cada vez que está cerca de Oliver: a veces demasiado envalentonado, otras, casi avergonzado de su cuerpo. Armie Hammer (escultural, --yo también me cohibiría si tuviera que estar parado junto a él--) derrocha actitud, y comparte gran química con Chalamet. A pesar de sus diferencias de edad, hacen que el romance funcione hermosamente.


De hecho, las interacciones de todo el reparto se sienten genuinamente humanas. No hay una nota falsa en ellas. Michael Stuhlbarg, como el Sr. Perlman, merecía todas las nominaciones a Actor Secundario (los odio, Oscars): es una fuente de empatía, entendimiento y calidez adorable. Los reto a no llorar en una conversación que mantiene con su hijo (a mi gusto, la mejor escena de una película estrenada en 2017 -que he visto hasta ahora-). Amira Casar es una de las mamás más cool que han retratado en una película; culta, brillante y cariñosa. Y ojalá escuchemos más de la francesa Esther Garrel, que, como el otro interés amoroso de Elio, eleva su papel secundario.

Todos los actores prestan increíble atención a los detalles, las miradas, las posturas, las pausas, las distancias. Y Guadagnino usa todos estos micromomentos para expresar clara y fuertemente el estado emocional de Elio. No hay necesidad de voz en off (Ivory en un principio había escrito algo de narración que el director sabiamente eliminó); sólo hay que tener paciencia para acompañar a Elio en su aprendizaje sobre el deseo y el primer amor. Junto con él, Call Me By Your Name se va descubriendo poco a poco, hasta enamorarnos perdidamente.