viernes, 2 de febrero de 2018

Call Me By Your Name

★★★★


Llámame por tu nombre
USA: 2017, 132 min.
Clasificación: B15
Director: Luca Guadagnino
Guión: James Ivory
Con: Timothée Chalamet, Armie Hammer, Michael Stuhlbarg, Amira Casar, Esther Garrel.
Romance. Drama.



El director Luca Guadagnino (Io sono l’amore, A Bigger Splash) tiene la magnífica capacidad de evocar deseo a través de imágenes y sonidos. En Call Me By Your Name realiza una representación casi perfecta de cómo se siente descubrir el amor y la sexualidad por primera vez: confuso, inesperado, emocionante, agobiante, intenso… 

James Ivory (vean A Room With a View antes que la quiten de Netflix), el veterano director, escribió esta adaptación de la novela homónima de André Aciman (con algunos cambios que mejoran ampliamente la historia). Retrata un verano en el campo italiano, a principios de los ochenta, y sigue a Elio Perlman (Timothée Chalamet), un joven de 17 años que mata el tiempo leyendo, transcribiendo música, nadando, o ligando con su amiga Marcia (Esther Garrel). Su padre (Michael Stuhlbarg, encantador) es un profesor especialista en cultura greco-romana y todos los veranos invita a un alumno a su villa para ayudarlo en sus investigaciones. Este año, el elegido es Oliver (Armie Hammer), un americano que casi parece una estrella de cine.


Rodeados por el calor y la naturaleza de Italia (seductoramente capturados por el fotógrafo Sayombhu Mukdeeprom), en medio de salidas en bicicleta, caminatas, desayunos, y chapuzones en el río, Elio y Oliver comienzan a descubrir que la aparente hostilidad y los destellos de dulzura que comparten son señales de que, tal vez, hay algo más pasando entre los dos. La película discurre casi como las vacaciones de verano: perezosa, tranquila, sin prisa. La estructura en viñetas del guión permite que el acercamiento entre ambos personajes sea orgánico y complejo: en ningún momento hay “amor a primera vista” o un “momento mágico”. Ninguno termina de comprender qué es realmente lo que siente porque es nuevo; su duda y el anhelo son palpables.

El foco principal está en Elio, en su experiencia de autoconocimiento y su lento descubrir a Oliver. Timothée Chalamet es una revelación: carismático, inteligente, conmovedor, e inocente; interpreta cada momento con naturalidad y sin esfuerzo. (Su escena final es oro). Amo la forma en que representa físicamente el estado de hiper-autoconciencia que siente cada vez que está cerca de Oliver: a veces demasiado envalentonado, otras, casi avergonzado de su cuerpo. Armie Hammer (escultural, --yo también me cohibiría si tuviera que estar parado junto a él--) derrocha actitud, y comparte gran química con Chalamet. A pesar de sus diferencias de edad, hacen que el romance funcione hermosamente.


De hecho, las interacciones de todo el reparto se sienten genuinamente humanas. No hay una nota falsa en ellas. Michael Stuhlbarg, como el Sr. Perlman, merecía todas las nominaciones a Actor Secundario (los odio, Oscars): es una fuente de empatía, entendimiento y calidez adorable. Los reto a no llorar en una conversación que mantiene con su hijo (a mi gusto, la mejor escena de una película estrenada en 2017 -que he visto hasta ahora-). Amira Casar es una de las mamás más cool que han retratado en una película; culta, brillante y cariñosa. Y ojalá escuchemos más de la francesa Esther Garrel, que, como el otro interés amoroso de Elio, eleva su papel secundario.

Todos los actores prestan increíble atención a los detalles, las miradas, las posturas, las pausas, las distancias. Y Guadagnino usa todos estos micromomentos para expresar clara y fuertemente el estado emocional de Elio. No hay necesidad de voz en off (Ivory en un principio había escrito algo de narración que el director sabiamente eliminó); sólo hay que tener paciencia para acompañar a Elio en su aprendizaje sobre el deseo y el primer amor. Junto con él, Call Me By Your Name se va descubriendo poco a poco, hasta enamorarnos perdidamente.



viernes, 26 de enero de 2018

Darkest Hour

★★

Las horas más oscuras
USA: 2017, 125 min.
Clasificación: B
Director: Joe Wright
Guión: Anthony McCarten
Con: Gary Oldman, Kristin Scott Thomas, Stephen Dillane, Lily James, Ronald Pickup, Ben Mendelsohn.
Biopic. Drama.


La entera existencia de Darkest Hour fue pensada para darle un Oscar al actor que interprete a Winston Churchill. Nada más. El resto de la película ni siquiera hace un esfuerzo por hacer un retrato detallado --o interesante-- del primer ministro británico. Afortunadamente, el papel cayó en manos de un excelso trabajo de maquillaje --diseñado por Kazuhiro Tsuji-- ayudado por Gary Oldman, un actor de un compromiso y meticulosidad innegables. 

El guionista Anthony McCarten toma la decisión de enfocar el biopic en el primer mes de Churchill en su cargo, cuando la amenaza de la invasión Nazi se extendía por todo Europa. ¿Qué se debe hacer? ¿Negociar la paz? ¿Encarar la guerra? ¿Atemorizar a la gente con las noticias? ¿Mentirles por piedad? Son preguntas genuinamente interesantes, que Churchill --o el guión-- ni siquiera consideran por un momento: lo correcto es encarar a Hitler y no rendirse. Fin. (Y tenía razón, eso lo sabemos ahora, pero en ese tiempo debió suponer una incertidumbre verdadera).

Las otras dos horas de la película, más que explorar los pros y contras de todas las alternativas, muestran a Churchill vociferando a su familia, a su secretaria, al parlamento, al rey, y a todo lo que cruce su camino, intentando demostrar que él está bien y los demás mal. Los momentos de “duda” se sienten más bien como rabietas y corajes. Si tan sólo el guión hiciera un esfuerzo en pintar a Churchill como algo más que una Leyenda, posiblemente se habría ocupado en abordar sus emociones, inseguridades, culpas, o sentimientos. No obstante, al presentarlo más grande que la vida, el conflicto de la trama nunca tiene resonancia personal con él. ¿Qué lo motiva? ¿Qué lo hace ser de esta forma?


Todos los personajes secundarios están escritos como un intento para humanizarlo y guiar al público sobre lo que debería estar sintiendo. Lily James es su secretaria, Miss Layton, que, después de ser bulleada por él, se vuelve su admiradora y más devota subordinada (no sé cómo funciona eso). Kristin Scott Thomas (totalmente desperdiciada) es su esposa Clemmie, quien desde el inicio nos dice “yo sé que lo importante para ti es la política y nosotros siempre seremos relleno” y efectivamente, su personaje nunca más vuelve a ser relevante (aunque esta escena es la única con resonancia emocional). En general, todas las subtramas se abandonan o descuidan en algún momento. Nadie más que Churchill importa aquí.

Entonces, pues, ¿qué tan increíble es Gary Oldman como Winston Churchill? Mucho, aunque en Darkest Hour está lejos de su excelencia habitual. Por supuesto, el actor desaparece bajo el maquillaje (como ha hecho muchas veces). Claro que su voz se escucha como la del primer ministro y sus movimientos lo evocan a la perfección (sin caer en burdas imitaciones). Pero, para todo su esplendor técnico, el personaje está emocionalmente vacío. Más que una melodía, la interpretación es una sola nota... tocada de maravilla, por supuesto, pero nada más. Su Churchill nunca trasciende gritar, ser un bravucón con los demás (justificado porque él está en lo correcto siempre), y ser hábil con las palabras. El guión le otorga grandes oportunidades para hacer comentarios ácidos (“deja de interrumpirme cuando te estoy interrumpiendo”) y exclamar a los cuatro vientos. Pero, al no encontrar otros matices, se vuelve repetitivo, tedioso e incluso, anticlimático: al momento de su icónico discurso “We Shall never Surrender” lo hemos oído gritar taaaaaantas veces que ya no tiene impacto.



Los esfuerzos del director Joe Wright (Pride & Prejudice, Atonement) por traer energía e inmediatez a la trama se agradecen, aunque al final ni siquiera él puede hacer mucha diferencia (es imposible ocultar un paréntesis manipulador, falso y completamente fuera de lugar que interrumpe el clímax de la película). El compositor Dario Marianelli es el único enfocado en crear tensión, ritmo, o emoción en la historia; su pulsante música (con solos del pianista Vikingur Olafsson) es el verdadero MVP. También, el fotógrafo Bruno Delbonnel (uno de mis preferidos, con trabajos diversos como Amelie, Harry Potter 6 y lo más nuevo de Tim Burton) llena de sombras y oscuridad todos los cuartos, creando una atmósfera fría e incómoda --igual que Churchill --.

A pesar de sus muchas nominaciones a los premios de la Academia (incluyendo una a Mejor Película) creo que Darkest Hour, aunque técnicamente intachable, es una película mediocre. Genuinamente se me hace una tristeza que Gary Oldman --reconocido por habilidad para crear personajes originales y excéntricos-- al fin gane su esperadísimo Oscar por una actuación tan cliché. Véanla por el gozo de disfrutar a Gary Oldman vociferando como Winston Churchill dos horas sin parar.



miércoles, 17 de enero de 2018

The Shape of Water


La forma del agua
★★★ ½ 

USA: 2017, 122 min.
Clasificación: B15
Director: Guillermo del Toro
Guión: Guillermo del Toro, Vanessa Taylor
Con: Sally Hawkins, Doug Jones, Richard Jenkins, Michael Shannon, Octavia Spencer, Michael Stuhlbarg.
Fantasía. Romance. Misterio. 
 


Lo que hace Guillermo del Toro en The Shape of Water es un acto de amor al cine --fusiona fantasía, romance, misterio, heist movies e incluso musicales clásicos, en un pastiche con excelentes resultados-- y, sobre todo, un acto de genuino afecto hacia sus personajes --minorías sociales representadas bajo una luz empática--. Por más oscuro, adorable, violento, extraño, o increíble que se vuelve todo, en el centro queda la convicción y cariño del director/guionista por el universo que ha creado.

Y vaya universo. Ubicada en Baltimore de los años sesenta, durante la paranoia de la Guerra Fría, la película sigue a Elisa Espósito (Sally Hawkins, luz pura) una mujer muda que hace limpieza en una base militar. Su vida es rutinaria, y sus amistades --Gilles (Richard Jenkins, encantador), su vecino homosexual, y Zelda (Octavia Spencer, sassy as usual), su compañera afroamericana--, son escasas. Todo cambia cuando llega al laboratorio una criatura acuática y en apariencia agresiva (Doug Jones), mantenida en cautiverio por el violento Strickland (Michael Shannon, elevando su tradicional rol de villano con gran vida interior).  


Elisa y la Criatura se ven a sí mismos por quienes son y entablarán una relación indescriptible, unidos por comida, música, y la sensación de estar solos en el mundo. Sin embargo, los experimentos militares del ejército estadounidense y la amenaza de espías soviéticos, ponen en peligro su amistad. Del Toro consigue exitosamente el delicado balance entre la dulzura de los elementos fantásticos y románticos, con la violencia del ‘mundo real’; y este contraste le permite potenciar tanto el encanto como la amenaza.

Para unir ambas partes,recurre a su característico uso de color, diseño y motivos. El agua está consistentemente presente de forma física, visual o auditiva. La cámara del director de fotografía Dan Lausten se mueve con fluidez casi acuática, transicionando entre espacios como olas o corrientes. Su iluminación resalta el color turquesa del agua, que además se usa para representar tanto a la criatura como al villano (la película establece varios paralelos entre Strickland y el sireno, incluyendo, por ejemplo su fascinación por Elisa). El deliciosamente exagerado diseño de producción de Paul D. Austerberry te hace creer que la realidad y la fantasía cohabitan en la misma habitación, y está lleno de detalles que ayudan a contar la historia (el departamento de Elisa parece tapizado por escamas; el mundo de Strickland es frío, angular y parece producido en masa; etc etc etc). También destaco la música de Alexandre Desplat, romántica y tenebrosa en igual medida. 


En el centro de este exquisito envoltorio, está Sally Hawkins. La actriz británica es capaz de traer empatía, gracia y calidez a cualquier papel (Happy-Go-Lucky, Blue Jasmine, entre otros). Aquí, con sólo la intensidad de su mirada nos hace sentir escuchados, comprendidos y queridos. Ella vende toda la película; es imposible no derretirse ante su convicción, energía y carisma. Por desgracia, se trata de un romance y su éxito depende también de su compañero. La relación entre Elisa y la Criatura es algo hermoso (algunas de las imágenes de ambos --como la del póster-- son dignas de usar como fondo de pantalla), no obstante, no me termina de convencer.

Doug Jones --escondido detrás de 3 horas de aplicaciones de látex-- nunca puede elevar su personaje a algo más que ‘el monstruo de la laguna’. Las limitaciones en el maquillaje reducen al mínimo sus expresiones. Además, con tal de mantener el misterio, del Toro mantiene el foco de la historia en las reacciones de los humanos ante él. Esto nos distancia emocionalmente: es fácil sentir compasión por él, pero no necesariamente empatía. Por si fuera poco, el ritmo ágil del guión (aunque nos mantiene atrapados en todo momento) jamás pausa para darle peso a la relación. Hay montajes que muestran cómo construyen su afinidad (oyendo música, compartiendo lunch) pero no existe ese momento, en medio de su rutina, donde Elisa y la Criatura descubren que “puede ser que haya algo más ahí” (como dicen en La Bella y la Bestia). 


Es una queja menor, sin duda, en especial cuando tienes una actriz como Sally Hawkins que puede hacer todo el trabajo emocional por ti. De hecho, es posible que en otras manos The Shape of Water hubiera fracasado. Sin embargo, Guillermo del Toro, guionista, director, pero sobre todo, fanático del cine y las historias, está en su máximo esplendor mezclando géneros en apariencia incombinables. Todo su equipo (actores diseñadores, fotógrafos, el equipo de sonido, músicos, et al) está más que a la altura; y en el centro, destaca una resplandeciente Sally Hawkins. Esta es una de las películas más encantadoras de la temporada.


jueves, 4 de enero de 2018

The Greatest Showman

★★★
USA: 2017, 105 min.
Clasificación: A
Director: Michael Gracey
Guión: Bill Condon, Jenny Bicks.
Con: Hugh Jackman, Michelle Williams, Zac Efron, Zendaya, Keala Settle, Rebecca Ferguson, Paul Sparks.
Musical. Drama.



Showman cree fervientemente en su mensaje: debemos aceptarnos a nosotros mismos y valorar lo que somos. Esta idea resuena en cada nota de las 11 magníficas canciones originales compuestas por Benj Pasek y Justin Paul (⅔ del equipo de La La Land). Cada vez que los personajes se detienen a cantar nos transportan a un universo lleno de vida, que nos hace creer y sentir… sin embargo, como película no es realmente buena. 

La historia de P.T. Barnum (Hugh Jackman) suena --en papel-- a una excelente película: hijo de una familia pobre, huérfano a corta edad, se enamora de una mujer rica (Michelle Williams), consigue casarse con ella, arriesga todo, hace un espectáculo controversial, se vuelve exitoso… es algo que hemos visto un millón de veces. La idea de hacerla un musical también es brillante: es una manera de incorporar orgánicamente el espectáculo de Barnum al filme, usando música contemporánea completamente nueva como contraste a la ambientación de época y reflejar el espíritu innovador de su protagonista. Tristemente los realizadores se quedaron a medias: la parte musical es un triunfo; las escenas dramáticas y el desarrollo de la trama, no tanto.

Ninguno de los personajes --ni siquiera el showman del título-- está escrito con suficiente profundidad; son más una serie de tics y características físicas que seres humanos. El guión de Bill Condon y Jenny Bicks se rehusa a explorar los distintos matices y contrastes que hubieran hecho de la historia más rica e interesante (la fascinación --y básicamente abuso-- de Barnum hacia sus ‘freaks’, su relación con la cantante Jenny Lind [Rebecca Ferguson], y, no sé, ¿cómo es que los protestantes estaban siempre de público del show que tanto odiaban?). Las escenas dramáticas se sienten demasiado falsas y cliché, y en particular los dos romances parecen completamente obligados, a pesar de que Michelle Williams y Zendaya dan todo su corazón en roles completamente genéricos.

Sin embargo, todo esto desaparece en los números musicales. Filmados con gran energía por Seamus McGarvey y con un sonido completamente inmersivo; Michael Gracey encuentra un delicado balance entre el musical clásico y la sensibilidad contemporánea. Aquí las emociones, aunque excesivas hasta el punto de la cursilería, son reales y todo el elenco hace un gran trabajo para venderlas con convicción. The Greatest Show es una magnífica obertura, Never Enough es una hermosa power-ballad, y el dueto Rewrite the Stars es tan buena que casi te hace creer que hay química entre Zefron y Zendaya. Mi número preferido es definitivamente This is Me (cantada por Keala Settle, la mejor intérprete de todo el reparto) en el que los personajes marginados se arman de valor para desafiar al mundo a quererlos tal y como son. 

La película es más o menos igual: no le importan sus imperfecciones, sus diferencias, o sus problemas. Te reta a quererla como es y te recuerda que, tal vez, deberíamos juzgar un poco menos a los demás (y a nosotros mismos, de paso). Al menos yo disfruté de The Greatest Showman y salí del cine más feliz que como entré. Si eso era suficiente para Barnum, es suficiente para mí.



miércoles, 20 de diciembre de 2017

Star Wars: The Last Jedi


★★½

USA: 2017, 152 min.
Clasificación: B
Director: Rian Johnson
Con: Mark Hamill, Daisy Ridley, Carrie Fisher, Adam Driver, John Boyega, Oscar Isaac, Domhnall Gleeson, Andy Serkis, Kelly Marie Tran.
Sci-Fi. Acción.



Pocas películas me han conflictuado tanto como Episodio VIII. No puedo negar que disfruté infinitamente regresar a este universo. Admiro muchos de los riesgos que se tomaron. Pero, al mismo tiempo, creo que muchas decisiones se llevaron a cabo de forma incorrecta; pensadas para sorprender a la audiencia y no para contar una historia satisfactoria o profundizar el desarrollo de sus personajes. No puedo evitar SPOILERS. A continuación presentaré una serie de reflexiones y debates que he estado teniendo sobre muchos puntos. En serio quiero saber ustedes qué piensan sobre muchas de estas ideas.

Repito: SPOILERS.






Es sorprendente porque, a pesar de durar dos horas y media, el ritmo es ágil. Los momentos más interesantes son definitivamente entre Rey (Daisy Ridley, pura fuerza y corazón) y Luke (Mark Hamill, bastante bien como emo-Ben Kenobi). La forma en que su relación explora el dolor de Luke, la esperanza de Rey, el bien, el mal y el balance encaja perfecto con la saga. También, hace que la conexión entre Rey y Kylo (Adam Driver) sea más impactante y significativa aquí que en The Force Awakens. La aproximación a la Fuerza en diferentes sombras de gris (y no en blanco y negro) es la contribución más importante de Rian Johnson. Hasta que parece olvidarse de ella en el último acto. Inexplicablemente Kylo Ren se reafirma como Líder Supremo, ya sin bondad en su interior, aún cuando minutos antes habíamos visto todo lo contrario. Una pena.

Además, una buena parte de la película parece de relleno, sólo para tener ocupados a los demás personajes. La persecusión a mínima velocidad entre la Resistencia y la Primera Orden no es lo suficientemente intensa (oficialmente la anti Mad Max). Entiendo que el punto es ver mermados --por primera vez-- los números de los rebeldes (siempre aparecían más de la nada), pero todo ocurre de forma tan impersonal  (vía hologramas de naves destruyéndose, o “rayos tenemos sólo 10 naves ahora, qué bueno que los que importamos seguimos aquí”) que no hay suficiente duelo al respecto. Además, la resolución de la persecusión pudo haber ocurrido antes (¿por qué dejar explotar todas las demás naves con sus capitanes, cuando pudieron chocarlas antes y dejar viva a Laura Dern para siguientes películas?).

El hilo de historia que más me molesta es el de Finn (John Boyega, el peor nuevo personaje de la película pasada) y Rose (Kelly Marie Tran, el peor nuevo personaje de esta película). Perdemos demasiado tiempo en sus escenas aburridas (a NADIE le importan las carreras de caballos extraterrestres, o a Phasma si sólo piensan darle 2 minutos cada película)… que, no obstante, temáticamente son vitales. Esta subtrama en el casino muestra el verdadero villano de Star Wars: la guerra en sí y quienes se benefician de ella. Comprar a la Resistencia y a la Primera Orden como facilitadores de la miseria es importante. Contribuye al tema central de que no hay bueno o malo, sólo una búsqueda por el balance. También, los momentos finales con los niños cierran la idea de que la resistencia está en todos y que la Fuerza no es exclusiva a los Jedi o Sith. Entonces, ¿por qué rayos hicieron de esta parte algo tan aburrido, poco sutil y forzado? ¿Por qué no hacerla la única subtrama, con más tiempo y más profundidad? ¿Por qué no incluir a Poe Dameron (Oscar Isaac, el más carismático del nuevo reparto) que pasa otra película sentado en una nave sin hacer gran cosa?



De los nuevos personajes, definitivamente Rey (yo sí estuve de acuerdo con el plot twist de su origen, es temáticamente correcto para hacer una Fuerza más incluyente) y Poe siguen siendo mis preferidos. Se sienten como una parte integral del universo: heroicos, imperfectos, muy agradables. Tristemente, son los únicos que quedan para hacer de Episodio IX tolerable. Ojalá también regrese Benicio del Toro, porque su DJ es lo único interesante que ocurre en el casino (bueno, él y BB8, que es más simpático que el 80% del reparto que queda 80%). Francamente, también espero que regresen Force-Yoda (el mejor cameo DE LA VIDA) y Force-Luke para guiar a Rey en el siguiente capítulo (en especial porque Han ya ha muerto y Carrie Fisher no podrá interpretar más a Leia). Creo que ayudarían a seguir explorando los caminos de la Fuerza y a detallar más sobre el balance entre luz y oscuridad.

Kylo Ren es una wild card, aparentemente su estado de bondad/maldad cambia cada diez minutos. Quiero creer que su historia concluirá satisfactoriamente, más ahora que aparentemente está libre de Snoke. Esta decisión fue muy atrevida: por primera vez el villano principal ya no es un aprendiz y puede dictar su camino.  Por cierto… ¿Qué es Snoke? ¿De dónde vino y por qué tardó tanto en manifestarse en las galaxias? ¿Importó alguna vez? Sin duda, el manejo de este personaje me dejó muy molesto. Asimismo, me sigue enojando el desarrollo de Finn. La idea detrás de él era prometedora (Stormtrooper vuelto bueno), pero necesita urgentemente algo de carisma, un conflicto moral que impacte su personalidad, alguna acción que genuinamente sirva de algo, o una motivación más detallada. Y Rose, por más backstory que le den, se me hace demasiado forzada. Literalmente Rian Johnson la escribió para que aclarara de forma explícita todos los temas que no desarrolla con tiempo. Y para forzar el romance interracial haciendo de la saga más diversa.




Visualmente, creo que The Last Jedi cumple muy bien (no es la belleza que todos han dicho). Me encanta la estética del color rojo, en especial en el planeta minero (aunque el compositing aquí ya se vea medio chafa sigue siendo bonito). Aunque el CGI no me pareció tan bueno (o es muy WTF), los efectos prácticos (en especial cierto puppet verde) me llegaron al alma. La edición no es tan pulida como en la película pasada, la  música de John Williams nomás cumple su función, y el trabajo de audio es confiable pero no brillante. Me sentí triste que realmente no hubo un duelo de sables de luz. Y a mí sí me gustaron los Porgs.

Pero no sé… la Fuerza es extraña en esta. Sí quiero verla otra vez para confirmar que no estoy imaginando más problemas o más ideas brillantes de las que hay. Creo que, de cierta forma, Episodio VIII cierra gran parte de la historia y ofrece una infinidad de posibilidades creativas para el último capítulo de la saga (hasta que Disney quiera hacer otra trilogía, o un corssover con The Martian ahora que es dueño de Fox). Por otra parte, también creo que muestra que la historia ya no tenía mucho más que dar. Qué difícil. Curiosamente, lo que más me molesta de todo el asunto es que The Last Jedi va a hacer millones de dólares cuando la mejor secuela del año fue un fracaso en taquilla.





jueves, 14 de diciembre de 2017

120 Latidos por Minuto



120 Latidos por Minuto
(120 battements par minute)
★★★ ½
Francia: 2017, 140 min.
Clasificación: B15
Director:  Robin Campillo
Guión:  Robin Campillo, Phillippe Mangeot
Con: Nahuel Pérez Biscayart, Arnaud Valois, Antoine Reinards, Ariel Borenstein, Adèle Haenel, Félix Maritaud, Aloïse Sauvage, Coralie Russier.
Drama.




Wow. 120 Latidos por Minuto está llena de vida. La mayoría de las películas sobre el SIDA suelen enfocarse en el deterioro de los pacientes con gran tristeza. Este no es el caso. Aunque tiene suficientes lágrimas, 120 BPM entiende que la tragedia no es la enfermedad, sino la vida que pudo haber sido, el gozo súbitamente apagado, el amor destruido, la batalla que se perdió a pesar de luchar con todo.

La película se centra en el grupo activista Act Up, que protesta contra la indiferencia del gobierno y las instituciones en la prevención y combate contra el V1H, en París a principios de los 90. Sigue los esfuerzos y conflictos del grupo, al tiempo que desarrolla y profundiza la vida de varios de sus integrantes. Todos ellos tienen una razón fuerte para luchar y nosotros la entendemos. El foco principal está en el romance entre Nathan (Arnaud Valois) --un nuevo integrante-- y Sean (Nahuel Pérez Biscayart) --un radical entregado por completo a la causa--.



120 BPM está repleta de buenas actuaciones de todo su reparto, y todos tienen una oportunidad de brillar y conmovernos. En particular, Pérez Biscayart es una maravilla: es al mismo tiempo carismático y odioso, confiado e inseguro, tierno o temeroso; su Sean es un personaje contradictorio y muy magnético. También amo la naturalidad de Arnaud Valois como Nathan: el cariño que puede expresar (o recordar) con una sola mirada, o la forma en que se aproxima casi con pena a Sean, resulta conmovedor. Y quiero resaltar la fragilidad de Ariel Borenstein como Jérémie, que nos recuerda que Act Up, a pesar de sentirse casi como una familia, es una lucha por mantenerse vivos.

La dirección y edición de Robin Campillo le dan una gran inmediatez al conflicto. Aunque se siente 10 minutos demasiado larga, la película tiene un ritmo vital y enérgico. La cámara siempre en movimiento nos hace sentir el entusiasmo o desesperación que sienten sus personajes. Las escenas románticas o íntimas entre los protagónicos son potentes por su gran honestidad. Y cuando inevitablemente llega el momento de observar a uno de los protagonistas sumirse en lo peor de la enfermedad, el efecto es más desgarrador porque hemos aprendido a encariñarnos con todos en pantalla.

120 BPM es una llamada urgente por hacer lo correcto. Es imposible salir del cine sin sentir las ganas de alzar la voz, exigir igualdad, pedir transparencia, luchar por la libertad o algo. Nos recuerda que se ha logrado mucho, pero que aún falta otro tanto por hacer. Porque hacer la diferencia, para algunos, es cuestión de vida o muerte.



P.D. Estoy muy furioso porque justo hoy la Academia no seleccionó 120 BPM como candidata a Mejor Película Extranjera y, la verdad, lo merece.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Thor Ragnarok - Reseña

★★ ½
USA: 2017, 130 min.
Clasificación: B
Director: Taika Waititi
Guión: Eric Pearson, Craig Kyle, Christopher Yost
Con: Chris Hemsworth, Cate Blanchett, Tom Hiddleston, Mark Ruffalo, Tessa Thompson, Jeff Goldblum, Idris Elba, Karl Urban, Anthony Hopkins
Superhéroes. Sci-Fi.  




Resulta inesperado que la mejor secuela de los Guardianes de la Galaxia este año no sea su propia película, sino Thor Ragnarok. Excesiva, irreverente, colorida, y algo vintage, la tercera entrega de Thor es sin duda una buena comedia, pero no creo que sea un gran filme de superhéroes. Las risas son consistentes y abundantes, pero la acción se siente insípida, repetitiva y poco trascendente. Vaya sorpresa.


Thor continúa su misión (iniciada en una fuente (?) manantial (?) agua de Avengers 2) por buscar las Infinity Stones y detener el Ragnarok, AKA el apocalipsis nórdico. Sin embargo, con la llegada de Hela (Cate Blanchett), la diosa de la muerte y su súbita expulsión a Sakaar, el Dios del Trueno tendrá mucho a qué enfrentarse para salvar a su gente. Por ejemplo, pelear contra Hulk (Mark Ruffalo), descubrir las intenciones de su hermano adoptado, Loki (Tom Hiddleston no vuelvas a desaparecer tantos años) o reclutar a una ex-Valkiria ebria (Tessa Thompson, la mejor inclusión al grupo).


Es un gusto que el director Taika Waititi haya ignorado las entregas anteriores y decida explotar lo ridículo y excesivo del Universo Thor. Su decisión de liberar a sus actores a sus caprichos es acertada e hilarante. A pesar de su físico, el fuerte de Chris Hemsworth siempre ha sido la comedia. La química de frenemies entre Thor y Hulk/Banner ha sido una joya desde su primera aparición juntos y aquí evoluciona a la perfección (Mark Ruffalo es de esos actores que eleva a todos sus compañeros).  Hiddles sigue siendo encantador como Loki. Jeff Goldblum (como el líder de Sakaar) es Jeff Goldblum. Y Cate Blanchett puede hacerlo todo y aquí se divierte a lo grande.




Si tan solo hubiera algo como un arco de personaje o crecimiento o lo que sea para Thor (y no, ganar nuevos poderes, corte de cabello, o accesorios no cuenta). Su aprendizaje más grande es un literal deus-ex-machina (Odin --Anthony Hopkins-- dios de dioses, se manifiesta desde su muerte). Thor es un héroe (y se llama a sí mismo héroe) motivado a hacer lo correcto desde el principio… y eso es lo que hace y está bien y ¿ya?


O sea, no soy de los que espera una exploración de personaje profunda en una película de Marvel, pero es preocupante que la comedia pareció drenar cualquier sentimiento de la historia. Los momentos ‘personales’ se sienten obligatorios, y no parte integral de lo que mueve la película; como la ira de Hela con Odin o el acercamiento de Thor y Loki. Cuando llega la hora de la acción (que aparte es un festival de CGI muy pobre) no podría importarnos menos lo que ocurre. Es vistoso y divertido, pero jamás emocionante, porque no hay emociones.

Es triste que Thor Ragnarok, a pesar de ser tan chistosa y entretenida, sea una experiencia tan vacía. Es, al mismo tiempo, una muestra de lo mejor y lo peor que puede ocurrir en una franquicia grande que empieza a agotarse y sentirse repetitiva tras casi 10 años. Ojalá sea un punto crítico que enseñe a la industria la importancia de revitalizar material con estilo, pero sin perder de vista a los personajes y su crecimiento.

Fake news. This clip is fake news.