martes, 4 de diciembre de 2018

Guerra Fría


★★★ ½

Zima wojna
Polonia: 2018, 88 min.
Clasificación: B15
Director: Pawel Pawlikowski
Guión: Pawel Pawlikowski, Janusz Glowacki
Con: Joanna Kulig, Tomasz Kot, Agata Kulesza, Borys Szyc
Drama. Romance. Extranjera.




Guerra Fría es el romance más gélido que he visto una película. Es como ver un álbum de fotos viejas que rescata sólo algunas de las miradas, espacios y tragedias de dos enamorados a quienes nunca conocimos. A veces lo que no está pantalla parece hasta más importante que lo que sí vemos, sin embargo, el poder de las imágenes y la intensidad de sus protagonistas nos invitan a llenar los años en blanco y crear una épica gigante a través de estas viñetas tan privadas. El resultado es a la vez impersonal e íntimo; vago y específico; pasional y frío. Recuerdos ya muertos de gente que alguna vez desbordó vida. No sé si me gusta, aunque no había otra forma de contar esta historia. 

Ambientada en Polonia (y luego Berlín, Yugoslavia y París) después de la Segunda Guerra Mundial, el filme sigue al músico Wiktor (Tomasz Kot, excelente) y la cantante Zula (Joanna Kulig, una estrella) por veinte años, en medio del ascenso del comunismo y otros cambios sociopolíticos. Se conocen primero en un show que lleva la música polaca del campo a ciudades importantes. Luego, se reencuentran en París después de que él se exilia y ella continúa su carrera artística. Constantemente se separan, sólo para volver a juntarse algunos años más tarde, a veces para hacerse bien y otras no tanto. 



El guionista y director Pawel Pawlikowski está más interesado en evocar una época que en narrar: su diseño es excelente, sus composiciones son precisas, y el contrastado blanco y negro de su fotógrafo Lukasz Zal es glorioso. El estilo es igual de alienante que el que usó en Ida (aún se me hace sobrevalorada, perdón) pero en esta ocasión se siente coherente a la historia. Y el control que demuestra sobre cada segundo es innegable. Por esta película ganó el premio a dirección en Cannes y es difícil argumentar en su contra.

Todavía más aplausos se merece, en mi opinión, Joanna Kulig: llena de vitalidad, energía y rebelión; ya sea cantando (qué voz tan preciosa), bailando, feliz, molesta, ebria, o enamorada; sus escenas son las que iluminan el filme. De ahí en fuera, sólo los momentos musicales le dan cierta vida al asunto. Por diseño, el resto de la película es fría y distante, como el mundo de sus personajes. No hay amor que pueda nacer y sobrevivir en este contexto. Intelectualmente el ejercicio es impresionante, pero quizás el resultado sea demasiado trágico para mi gusto. O quizás sea admirable. Creo que me inclino más por lo segundo.




lunes, 19 de noviembre de 2018

Animales fantásticos: los crímenes de Grindelwald


★★ 

Fantastic Beasts: The Crimes of Grindelwald
USA: 2018, 135 min.
Clasificación: B
Director: David Yates
Guión: J.K. Rowling
Con: Eddie Redmayne, Jude Law, Johnny Depp, Katherine Waterston, Zoe Kravitz, Dan Fogler, Callum Turner, Alison Sudol, William Nadylam, Claudia Kim, Ezra Miller….
Fantasía. Acción. Aventura.


Nadie puede cuestionar la habilidad creativa de J.K. Rowling para construir y expandir su universo mágico. Su imaginación siempre nos ha cautivado y en la segunda entrega de Animales Fantásticos le da rienda suelta. Sin embargo, la capacidad narrativa con la que construía misterios, así como el cuidado con el que revelaba las motivaciones sus personajes, están sorprendentemente ausentes. ¿Recuerdan los 7 libros que tardamos en entender a Snape? Adiós a esa sutileza y sorpresa. Ahora tenemos revelaciones, cambios de alianzas y throwbacks cada 5 minutos. El único propósito de Los Crímenes de Grindelwald es plantear muchos pretextos para que haya otras tres películas en la serie.


La trama es demasiado complicada para ser tan sencilla: todo el mundo va a Paris en busca de Credence (Ezra Miller, atrapado en un personaje unidimensional), el poderoso oscurus de la última película que ahora quiere encontrar a su verdadera familia. Newt Scamander (Eddie Redmayne), enviado por Dumbledore (Jude Law, explotando su carisma), va para protegerlo. La auror norteamericana Tina Goldstein (Katherine Waterston) --crush de Newt-- va para atraparlo. El ministerio de magia británico va para destruirlo… aunque también envían a un terrorífico cazarrecompensas a hacerlo. Hay un hombre árabe (William Nadylam) que parece querer matarlo por una posible conexión con la familia Lestrange, quien, por cierto, está por unirse a la familia Scamander con el matrimonio de Leta (Zoe Kravitz) --que antes tenía un crush por Newt-- y Theseus (Callum Turner), quien, sorpresa, trabaja en el ministerio. Ah, igual regresan Jacob (Dan Fogler) y Queenie (Alison Sudol), y luego aparece Nagini (Claudia Kim) en forma humana…. BASTA.


Y eso que aún no mencionamos al villano, Gellert Grindelwald (Johnny Depp), el temible mago mitad Hitler mitad Donald Trump, que quiere reclutar a Credence a su lucha para derrotar a Dumbledore --con quien alguna vez fue “más que amigos”-- y así cumplir su misión de oprimir a los humanos no mágicos “por el bien mayor”. Interpretado por Depp con frialdad e inteligencia, Grindelwald resulta fascinante porque es imposible leer. Igual que Dumbledore (pero en malvado). La relación entre estos dos genios es uno de los aspectos más interesantes que toca la película, aunque jamás se molesta en profundizar más allá de un teaser.


De hecho, el problema de la película es que, aunque hay demasiadas cosas ocurriendo --y sí, muchas son entretenidas-- todo es superficial. Los personajes son peones que se mueven y hacen lo que el guión les dice que hagan. Explican su historia personal cuando ya nada tiene sentido para la audiencia. Lloran cuando está señalado. Cambian cuando el guión lo indica. Las piezas deben estar acomodadas de cierta forma para la siguiente película. Rowling lo hace a como dé lugar y, tristemente, pierde todas las oportunidades para generar momentos centrados en emociones reales. Ni siquiera la dramática música de James Newton Howard o las exageradas decisiones de cámara del director David Yates (o sea, agradezco cualquier extreme close-up a Zoe Kravitz, pero tenía que ser tan obvio?!) pueden generar sentimientos auténticos.

La verdadera magia de Harry Potter siempre estuvo en el cariño que teníamos a sus personajes, gracias, en gran parte, al respeto con el que los escribía Rowling. Aunque Los Crímenes de Grindelwald está llena de embrujos y promesas a futuro, resulta una experiencia nada encantadora. Ojalá que la saga de Animales Fantásticos encuentre su verdadera magia pronto. (Y dejen de tener miedo a mencionar explícitamente que Dumbledore era gay).


Dumble...DAMN

lunes, 12 de noviembre de 2018

First Man


★★★ 

El primer hombre en la luna
USA. 2018. 141 min.
Clasificación: B
Director: Damien Chazelle
Guión: Josh Singer
Con: Ryan Gosling, Claire Foy, Kyle Chandler, Jason Clarke, Corey Stoll, Ciarán Hinds.
Biografía. Drama.


First Man, al igual que las películas pasadas del director Damien Chazelle (La La Land, Whiplash), se trata de un hombre obsesionado por lograr sus ambiciones. En este caso, el protagonista es Neil Armstrong, ingeniero aeronáutico y piloto, mejor conocido como el primer hombre en pisar la luna. El filme se enfoca en los programas de la NASA que lo llevaron al espacio, así como los riesgos y sacrificios que implicaron. 

Después de una tragedia familiar y una misión algo desastrosa en un X-15, Armstrong (Ryan Gosling, en el mejor deadpan desde Kristen Stewart) se muda a Houston para trabajar en la NASA. Juno con su equipo (Kyle Chandler, Ciarán Hinds, Corey Stoll y muchos otros actores que nunca alcanzamos a distinguir claramente) se vuelca totalmente en la encomienda de llegar a la luna, abandonando en el proceso a su familia. Su esposa Janet (Claire Foy, magnífica) cuida de sus hijos con gracia y cariño, mientras espera nerviosamente a que regrese con vida cada vez debe tripular una nave.



Para bien o para mal, First Man parece un libro de texto hecho película. Es meticulosa con el detalle y cubre todos los puntos importantes --contexto histórico, misiones espaciales, dramas familiares-- con gran realismo. No quiere enaltecer nada. De hecho, su punto es mostrar lo peligroso que fue todo. El guionista Josh Singer ya ha demostrado su habilidad investigadora en dramas periodísticos (Spotlight, The Post), no obstante, creo que su enfoque metódico resulta demasiado distante aquí. La narrativa es un mero cronograma. Lo que se retrata es puramente histórico, nunca emocional. 

Esto tiene sentido de acuerdo al retraído personaje de Neil Armstrong, en el que se centra la perspectiva del filme. El hombre era poco expresivo, casi robótico. Singer intenta iluminar su estado emocional, pero lo hace a través de flashbacks que se sienten algo forzados y demasiado obvios. Quizás hubiera sido mejor dejar el misterio interior de Armstrong completamente oscuro. Tampoco puedo evitar pensar que los cineastas debieron ampliar su enfoque y profundizar algunas tangentes de la historia (las protestas contra los programas espaciales, la vida doméstica de las familias de astronautas) para encontrar su corazón algo ausente. Armstrong claramente estaba obsesionado, pero, a diferencia de los otros personajes de Chazelle, su búsqueda no demuestra pasión. 



Por fortuna, las secuencias espaciales son increíbles. Los sets hiperrealistas de Nathan Crowley son fríos y claustrofóbicos. El tenso diseño sonoro, las incesantes sacudidas de cámara, y el montaje veloz crean una cacofonía de ruidos e imágenes que genuinamente angustian. Sin embargo, el estilo documental de Chazelle a veces resulta excesivo y distrae en las escenas sobre la Tierra. Además, la cámara en mano (con tomas irregularmente enfocadas) de Linus Sandgren puede confundir en ocasiones. A pesar de su gran capacidad para generar atmósfera, la película tiene algunas dificultades para mantener claridad dentro del caos (al contrario de películas recientes como Dunkirk, Mad Max: Fury Road o las filmografías de Paul Greengrass y Kathryn Bigelow, por ejemplo).

A pesar de la calidad técnica en las escenas espaciales (el clímax lunar es una belleza), los momentos más vivos de la película involucran a Jan Armstrong. Con su escaso tiempo en pantalla, Claire Foy crea un personaje lleno de vida interior, preocupaciones, y cariño. Ella saca lo mejor de su marido, y es quien nos hace desear su triunfo. De ahí en fuera, sólo la música del invaluable Justin Hurwitz (genio detrás del score de La La Land) parece tener alma. El resto de la película quizás es demasiado similar a Armstrong para su propio bien: calculadora, distante, sin compartir sus verdaderas emociones, pero, a fin de cuentas, sorprendente.

Her Majesty


lunes, 5 de noviembre de 2018

Beautiful Boy

★★★½

USA: 2018, 120 min.
Clasificación: B15
Director: Felix van Groeningen
Guión: Luke Davies, Felix van Groeningen
Con: Steve Carell, Timothée Chalamet, Amy Ryan, Maura Tierney, Christian Convery, Oakley Bull.
Drama. Biopic.


Los dos protagonistas de Beautiful Boy buscan a Nic Sheff sin mucho éxito. David (Steve Carell), su padre, intenta rescatarlo de su adicción a las drogas para recuperar al hermoso chico que era antes. Y el joven Nic (Timothée Chalamet) quiere encontrar un pedazo de sí mismo que no aún entiende: felicidad, gozo, un propósito, romper las expectativas asfixiantes de su familia… quién sabe; lo único que lo satisface son las drogas. 

En cierta forma, la película entera también parece una búsqueda: los flashbacks y flashforwards algo desordenados (reminiscentes a lo que consiguió --con más éxito, en mi opinión-- Alejandro G. Iñárritu en 21 Gramos) cortan libremente a la emoción. No hay una lógica racional, sino emocional. La estructura no se interesa en brindar explicaciones a la adicción de Nic, porque, muy probablemente no las hay. Ésa es una de las tragedias de Beautiful Boy: lo importante es el tortuoso camino de ambos personajes para darse cuenta de que todos sus intentos quizás no sirven de nada.



He señalado anteriormente cómo las historias de adicción son, por naturaleza, repetitivas. Aquí, la propuesta narrativa del director y guionista Felix van Groeningen logra mantener cierta impredictibilidad la mayor parte del tiempo, aunque creo que la película es 10 ó 15 minutos demasiado larga. He leído que su acercamiento no lineal ha causado confusión en algunos espectadores, que consideran el material un tanto frío y distante. A mi parecer, el resultado es una transparencia de las asociaciones mentales y sentimentales de sus personajes, sin necesidad de caer en melodrama (aunque el soundtrack sí llega a ser un tanto exagerado, a pesar de su gloriosa selección musical).

El reparto está comprometido a esta misma honestidad emocional. Steve Carell balancea con delicadeza la calidez y desesperación paternal en David. Es una dolorosa interpretación internalizada, que nos deja ver sus ilusiones desplomarse poco a poco. Amy Ryan tiene un tiempo en pantalla muy limitado (algún día le daremos el respeto que merece), pero es emotiva en el papel de la madre de Nic. Maura Tierney está fantástica como la segunda esposa de David, que ama al otro hijo de su marido pero no va a permitir que su mal ejemplo afecte al resto de su familia (Christian Convery y Oakley Bull dan dos de las interpretaciones infantiles más naturales que he visto).




Sin embargo, la película funciona principalmente por Timothée Chalamet. Como ya demostró en Call Me By Your Name, es un actor que parece habitar las emociones. Nunca lo vemos actuando, sino viviendo. Su Nic Sheff duele tanto porque Chalamet nos muestra con igual convicción su sensibilidad y su ansiedad, su carisma y su ira, lo que pudo haber sido y lo que tristemente es. Las escenas con él y Carell son los puntos más altos de la película porque encapsulan el dolor de esta historia: dos personas que buscan un momento ya perdido, que sólo encuentran los restos de lo que alguna vez fueron, y aprenden que no tienen el poder para ayudarse a regresar. 

Beautiful Boy podrá ser un filme poco convencional pero es imposible ignorar el impacto que deja, incluso días después de que sus créditos terminen (y por favor quédense los créditos completos para escuchar una excelente declamación de Bukowski). Ya dénle un Oscar a Chalamet antes de que algo molesto como Gary Oldman pase.




sábado, 27 de octubre de 2018

Museo


★★★ ½

México: 2018, 119 min.
Clasificación: B15
Director: Alonso Ruizpalacios
Guión: Alonso Ruizpalacios, Manuel Alcalá
Con: Gael García Bernal, Leonardo Ortizgris, Alfredo Castro, Bernardo Velasco, Simon Rusell Beale.
Cine de Autor. Drama. Intriga. Road Movie.





Juan Nuñez --como los protagonistas de Güeros (2015), la otra película del mexicano Alonso Ruizpalacios-- vaga por una vida a la que no le encuentra sentido. Lleva años sin titularse como veterinario. No tiene empleo. Sus hermanas ya tienen familia y viven fuera de casa. Incluso su tío bueno-para-nada se consiguió una novia joven y guapa. Y, la verdad, Juan (a diferencia de los protagonistas de Güeros) está harto de esperar a que un cambio suceda. Entonces decide hacer una hazaña extraordinaria: robar el Museo de Antropología, donde trabajó ese verano. 

Lo que hace de Museo tan interesante es el misterioso personaje de Juan. Al contar la historia desde  la perspectiva de su mejor amigo Benjamín Wilson (Leonardo Ortizgris, sensible y encantador) la película mantiene una distancia suficiente para darnos cuenta de la clave de su protagonista: Juan ha renunciado a sí mismo. 



Incluso cuando su amigo o su familia lo apoyan e intentan animarlo (a su manera) Juan es el único que no tiene fe en quien es. Su robo al museo es un intento patético y desesperado de... ¿qué? ¿De probarse lo que vale? ¿De hacerse rico? ¿De rebelarse contra las expectativas de la sociedad? Wilson no comprende sus motivos, pero se vuelve su cómplice de todos modos. De hecho, ni el mismo Juan parece entender, pero su determinación es inamovible.

Más allá de las caóticamente divertidas escenas de convivencia familiar o de los tensas secuencias en Antropología, en el fondo, Museo es la tragedia de un hombre que no puede hacer nada para dejar de considerarse patético. La trama avanza más allá del robo gracias a las ambiciosas (aunque claramente desesperanzadas) decisiones de Juan para mostrarse mejor de lo que se siente. No obstante, si no encuentra propósito a su vida, ¿qué tan lejos podrá llegar? 




En esta ocasión, el director Ruizpalacios diluye mucho el estilo pretencioso que usó en Güeros, y obtiene un mucho mejor resultado. Aún es capaz de conjurar imágenes y sonidos frescos, inesperados y dinámicos (con gran ayuda de su director de fotografía Damián García, el compositor Tomás Barreiro, y el equipo de sonido supervisado por Javier Umpierrez) pero el efecto aporta a la historia y realza el estado emocional de sus personajes. Desde el ominoso prólogo capta nuestra atención y, a pesar de algunas tangentes extrañas, la mantiene toda la película.

Con Museo, Ruizpalacios y su co-guionista Miguel Alcalá ganaron el premio al Mejor Guión en el Festival de Berlín. La historia está basada en un hecho real ocurrido en 1985. Qué tan verídica sea respecto al personaje Juan Nuñez, eso no sabría decirlo, pero, contada de esta forma, resulta bastante entretenida y extrañamente triste.  





lunes, 15 de octubre de 2018

A Star is Born


★★★ ½

Nace una estrella
USA: 2018, 135 min.
Clasificación: B15
Director: Bradley Cooper
Guión: Bradley Cooper, Eric Roth, Will Fetters,
Con: Bradley Cooper, Lady Gaga, Sam Elliott, Anthony Ramos, Rafi Gavron, Dave Chappelle, Andrew Dice Clay.
Drama. Musical. Romance.




Realmente son dos estrellas las que nacen con este nuevo remake de A Star Is Born: el director / cantante Bradley Cooper y la actriz Lady Gaga. Los rumores son ciertos: él se escucha como una estrella country; ella actúa como una estrella de Hollywood. Parte del gozo meta narrativo de esta película es que disfrutamos el riesgo y el atrevimiento de nuestros intérpretes, al tiempo que queremos a sus personajes por hacer lo mismo.

El continuo éxito de la historia de A Star Is Born, me parece, se basa en su forma de retratar el amor. Primero, como un ideal: dos personas que se admiran y complementan, y aprenden a amarse a través de su arte. Segundo, como una tragedia: a pesar de su amor no pueden controlar sus peores impulsos, aunque en ningún momento dejan de desearse bien. Creo que cualquiera puede identificarse con al menos una de estas dos expresiones. (Además, a todo esto se suma nuestra fascinación por la fama, resultando en una fórmula ganadora.)


Bradley Cooper en La La Land.
Jackson Maine (Bradley Cooper) es un cantante alcohólico en continua picada. Se está quedando sin oído y depende de los cuidados su hermano (Sam Elliott, brillante en pocas escenas), quien también es su manager. Ally (Lady Gaga) es una gran cantante que no ha tenido suerte sólo por su aspecto físico. Trabaja en una cocina de día y por las noches interpreta covers en vivo en un bar de drags (las dragas hacen todo más gracioso, lo juro).

Inevitablemente se conocen una noche. Él queda fascinado con su talento. Caminan y platican. Se conocen. Ella le muestra una de sus composiciones. Él la invita a un concierto donde la anima a cantar para su público. Pronto empiezan a enamorarse y a cantar juntos en más shows… pero él es un adicto y ella está en pleno camino hacia la gloria. ¿Qué tan lejos podrán llegar antes que todo se derrumbe?

La primera mitad de la película --donde se muestra el ascenso de Ally-- es la mejor. Es hermoso ver a ambos personajes descubrirse mutuamente a través de la música y llevándose a vivir momentos que no imaginaban. La química de los protagonistas es crucial y tanto Cooper como Gaga nos venden el romance. 





Él está brillante: aunque su papel no tiene una caracterización extensa, balancea perfectamente lo horrible de su adicción con su carisma natural. La bondad de Jackson sobresale aún en sus peores momentos, haciendo fácil entender por qué ella querría permanecer a su lado. Lady Gaga interpreta a Ally como una chica normal y bondadosa, con varias inseguridades pero sin ser una ingenua. La escena en la que canta <<Shallow>> (Oscar a Mejor Canción garantizado) es una maravilla: en su rostro se refleja todo el conflicto de sus emociones, hasta que, poco a poco, vemos el nacimiento de una estrella sobre ese escenario.

Si hay un problema con la película, está en su segunda parte. Quizás está demasiado enfocada en Jackson. Las historias de adicción se me hacen limitadas por su naturaleza recursiva y reiterativa. Aunque el guión hace lo que puede por avanzar la historia, se estanca cuando descuida la perspectiva de Ally. Se abandona temas relevantes a su arco desde el principio: el peso de la fama, la incomodidad con los fans, la honestidad de su música. Además, Cooper parece insistir que ella le debe todo a él --reflejado en la súbita transición de Ally en una artista pop superficial (una cosa es el look de diva, otra es la composición de su música), a quien él debe “rescatar” escribiéndole una canción y con ciertos sacrificios--. La última hora de la película parece limitada al alcohol y la codependencia amorosa, cuando era mucho más que eso al principio.




No obstante, incluso en sus momentos más débiles, el excelente soundtrack es lo que sostiene y une la experiencia. La evolución de los géneros musicales y la instrumentación de las canciones acompaña perfectamente la evolución de sus protagonistas. Folk con una guitarra, Country rock, Pop básico, Baladas con orquesta… todas tienen un sentido (si tan sólo hubieran recurrido al potente recurso musical del reprise hacia el final, el camino hubiera sido perfecto). Incluso el diseño sonoro cambia: la claridad y limpieza de las voces van aumentando entre “más producidos” están sus artistas.

La verdad, qué gusto es oír a Gaga cantar. La mayoría podrá estar sorprendido de cómo logró alejarse de su extravagancia para actuar, pero a mí me impresionó su versatilidad como intérprete vocal. Su voz es lo que más sobresale de A Star Is Born y Cooper, el director, nos deja disfrutar de ella. Menos notoria, pero igual de maravillosa, es la fotografía de Matthew Libatique, cuya cámara en mano, uso del color, e iluminación con reflectores dan mucha energía, sin quitarle protagonismo a nadie.




Como su brillante campaña publicitaria nos recuerda, esta historia sobre dos artistas que creyeron en el otro y encontraron amor en el arte es más que la trama de esta película; también se trata de Lady Gaga y Bradley Cooper. Tal vez ese sea el encanto más grande de A Star Is Born: en cierta forma, su detrás de cámaras refleja una versión de lo que vimos en pantalla. Y, definitivamente, ambos artistas nos mostraron algo muy bonito. 





Por cierto, mi Top 5 del Soundtrack
1. Is that
Alright?

2. Shallow
3. Always Remember Us This Way
4. Maybe It's Time
5. La Vie en Rose

lunes, 25 de junio de 2018

Los Increíbles 2


★★ ½

The Incredibles 2

USA: 2018, 118 min.

Clasificación: A
Director: Brad Bird
Guión: Brad Bird.
Acción. Aventura. Superhéroes.




Si había una película de Pixar que siempre ameritó una secuela era Los Increíbles: los superhéroes, su universo retro-futurista, la familia Parr… todos nos quedamos ganas de más. Aunque Toy Story 2 y 3 funcionaron perfectamente bien; las dos de Cars, Monsters U, y Buscando a Dory, dejaron mucho que desear. Ahora, 14 años después, llega Los Increíbles 2, rodeada de nostalgia, el mismo equipo encabezado por Brad Bird, y animación de la más alta calidad. El resultado es muy divertido pero, tristemente, no es increíble. 



Era imposible (en especial en esta década dominada por Marvel) mantener la sorpresa y frescura de la primera, sin embargo, no puedo evitar decepcionarme porque esta secuela falla en llegar a los niveles de empatía, perspicacia, y emocionalidad de la original. La historia, continuación inmediata de la primera parte, sigue a Elastigirl en su nuevo trabajo como defensora de la legalidad de los superhéroes, mientras que Bob se queda en casa a cuidar a sus hijos. La inversión de roles tradicionales es interesante, pero, me parece, se trata de una forma un tanto limitada: el guión inicia una especie de rivalidad entre Increíble y Elastigirl (misoginia interiorizada detectada), y la dinámica de papá-de-casa se trata como chiste algo anticuado, en vez de como una oportunidad de catarsis sentimental. Además, separar a la familia Parr por tanto tiempo rompe la química familiar que es fundamental en la franquicia.





Tristemente, Los Increíbles 2 no se preocupa en evolucionar a sus personajes en el aspecto emocional o personal, así como lo hizo e lo técnico. Seguro, el director/guionista Brad Bird hizo un filme entretenido con el que es fácil reírse. Los reto a no disfrutar dos horas de reencuentro con los Increíbles. Pero, lo le que faltó, fue reforzar el lazo emocional que tenemos con ellos; seguir creciendo y aprendiendo junto con ellos. Los Increíbles 2 se conforma con ser un ejercicio de nostalgia, que siempre es bien recibida, aunque, creo, los Parr merecían más.



Realmente, esta secuela es un pretexto para gozar de más acción, más diversión, más risas, y más aventuras con algunos de nuestros personajes favoritos. Y en todo esto, triunfa inigualablemente. 14 años de avances tecnológicos han vuelto a los Supers una gloria visual (¡el hielo de Frozono! ¡Elastigirl atravesando toda la ciudad!), y sus peleas ahora son más complejas, grandes, y caóticas. Además, los equipos de diseño y arte hicieron un trabajo maravilloso en expandir el universo. No obstante, el amo y señor de la película es Jack Jack, quien protagoniza las mejores escenas (feat. Edna Moda) y combates (feat. el animal Disney de la década).